La historia de Roberto Monclús con el periodismo comenzó en casa, entre periódicos y rutinas sencillas, su vocación fue tomando forma casi sin darse cuenta.
Recuerda que su madre, Ana Mercedes Hernández, les compraba a él y a sus hermanos ejemplares de El Caribe, bajo la dirección de Germán Emilio Ornes, y El Nacional, páginas que no solo informaban, sembraban preguntas, curiosidad y criterio.
Aquel hábito cotidiano sembró una determinación que se haría más clara en su último año de secundaria, en el Liceo Unión Panamericana, cuando asumió la responsabilidad de mantener actualizado el mural con las noticias más importantes. Ya desde entonces, el periodismo dejaba de ser curiosidad para convertirse en propósito.
A esa influencia se sumaba otra pasión que marcaría su estilo: la radio, pues desde niño fue fiel oyente de emisoras, programas y voces que lo acompañaban incluso antes de dormir.
Aquellas noches en su casa de San Carlos, escuchando “Cien canciones y un millón de recuerdos” por Radio Popular, terminarían definiendo mucho más que su gusto musical; delinearon su manera de comunicar, sentir y narrar.
Carrera diversa y dinámica
Su carrera ha sido diversa y dinámica, pasando por la radio, periódicos, televisión y relaciones públicas, con una experiencia que él mismo describe como profundamente formativa.
Nos cuenta que de los momentos que atesora, hay uno que sobresale con fuerza: la cobertura del entierro de José Francisco Peña Gómez. Aquella jornada, marcada por un intenso aguacero y múltiples obstáculos, se convirtió en una prueba de entrega y compromiso, ya que, a pesar de las dificultades, logró cumplir con su labor, aunque no sin llevarse, entre anécdotas, la etiqueta de “perredeísta”.
Pasión por la música
Pero si hay un hilo conductor en su trayectoria, ese es la música. Monclús, como cariñosamente es llamado por muchos, la asume como herencia y refugio.
Huérfano de padre, creció escuchando de su madre historias sobre un hombre apasionado por los deportes y la música, con una memoria prodigiosa. Esa conexión íntima encontró su máxima expresión en su ‘República Musical’, un espacio que va mucho más allá de un programa tradicional, transmitido todos los domingos de 11:00 de la mañana a 2:00 de la tarde por la emisora 95.3 FM.
Para él, este proyecto convertido en programa es un “ministerio”, una forma de contar la identidad sonora de América Latina, de hablar de geopolítica, de amor y desamor, de memoria y de presente.
El programa nació hace más de ocho años gracias a la propuesta de un amigo que apostó por una emisora digital y, desde entonces, ha evolucionado de una hora a tres horas cada domingo, conectando con la audiencia a través de historias, anécdotas y una selección musical que mezcla merengue, son, salsa y bolero.
En cada emisión, Monclús no solo pone música: narra contextos, revive épocas y construye relatos donde la historia y la emoción se entrelazan.
En la pantalla chica
En televisión, su rostro y voz han llegado a millones de dominicanos por diferentes propuestas informativas y canales, con algunas pausas en el camino, pero cada regreso respondió a una convicción clara: amor por la comunicación.
Desde hace dos años forma parte de una revista noticiosa en VTV32, un espacio que define como una oportunidad para expresarse sin temor bajo la sombrilla de su nombre “Roberto Monclús”, de lunes a viernes, en horario de 3:00 a 4:00 de la tarde.
Con la motivación de Jesús Nova y la dirección de Miguel Medina, ha conectado con un formato y lugar que le ha permitido desarrollar una propuesta ágil, con entrevistas dinámicas y una mirada propia sobre la televisión actual.
Adaptarse a los cambios no ha sido un problema para él, definiéndose como un comunicador polivalente, abierto al aprendizaje y respetuoso de la vieja escuela, combinación que le ha permitido navegar en un ecosistema mediático marcado por la inmediatez y transformación constante.
Confiesa que, a lo largo de su carrera, ha tenido encuentros memorables, pero uno de los más significativos fue su vínculo con el músico Fernando Echavarría, un artículo publicado en Listín Diario lo acercó a quien consideraba su ídolo, dando paso a una amistad que guarda con especial cariño.

Provocando a la audiencia
Lejos de buscar protagonismo, Roberto Monclús tiene muy claro lo qué quiere provocar en su audiencia: que sientan su pasión, compromiso y amor por las cosas simples.
Asegura que su enfoque no está en la fama, sino en la entrega y en las causas que considera justas.
Mirando hacia adelante, sueña con construir una red global de periodismo ciudadano, una plataforma comprometida socialmente y conectada con la gente, aunque ese idealismo no deja de lado su mirada crítica sobre el presente del oficio. Considera que, aunque la tecnología ha traído inmediatez y democratización, también ha debilitado aspectos esenciales como la reputación y compromiso social.
Para él, el periodismo de antes estaba más sostenido en la integridad, un valor que ejemplifica en figuras como Bienvenido Álvarez Vega. Hoy, observa un escenario donde la rapidez muchas veces sustituye al fundamento, y donde el éxito material parece imponerse sobre la prudencia y la inteligencia.
Aun así, no es pesimista. Cree firmemente que el buen periodismo prevalecerá en medio de un futuro que vislumbra con desafíos como la manipulación, intolerancia y censura.
Su convicción es inquebrantable: “El buen periodismo nunca morirá. ¡Nunca!”. Porque, al final, para Roberto Monclús, el periodismo, como la música, no solo se ejerce. Se siente, vive y defiende.








