Cuando el periodista también sangra por dentro
Imagen de JerzyGórecki en Pixabay

En el ejercicio del periodismo, hay historias que se cuentan… y otras que se quedan atrapadas en quien las narra.

Cada día, periodistas en la República Dominicana salen a la calle con una misión clara: informar. Cubren accidentes, feminicidios, suicidios, violencia, crisis sociales… escenas donde el dolor humano no es un concepto, sino una realidad cruda, palpable, muchas veces devastadora. Sin embargo, hay una parte de esta labor que rara vez se menciona: el impacto psicológico que deja en quienes están detrás de la noticia.

Porque sí, el periodista también siente. También se quiebra. Aunque no lo diga.

Ser testigo del dolor: una carga invisible

La exposición constante a tragedias puede generar lo que en psicología se conoce como trauma vicario. Es decir, el desgaste emocional que experimenta una persona al estar en contacto continuo con el sufrimiento de otros.

Un reportero que cubre la escena de un accidente no solo describe lo ocurrido; muchas veces ve cuerpos, escucha gritos, presencia desesperación. Y aunque su rol exige objetividad, su mente y su cuerpo no son inmunes.

Con el tiempo, estas experiencias pueden acumularse y manifestarse de formas silenciosas:

  • Dificultad para dormir
  • Irritabilidad o cambios de humor
  • Sensación constante de alerta
  • Desconexión emocional
  • Ansiedad o tristeza persistente

Lo más complejo es que, en muchos casos, el periodista continúa trabajando como si nada hubiera pasado. Como si no doliera.

El silencio emocional en el periodismo

Existe una cultura no escrita dentro del oficio: “hay que ser fuerte”. Mostrar vulnerabilidad puede interpretarse como debilidad o falta de profesionalismo. Y es ahí donde comienza el problema.

El periodista aprende a guardar. A callar lo que siente. A seguir adelante sin procesar lo vivido. Pero la verdad es que las emociones no desaparecen por ignorarlas. Se acumulan. Y cuando no encuentran salida, terminan expresándose en el cuerpo, en la mente o en la conducta.

He visto casos donde profesionales brillantes comienzan a sentirse agotados sin entender por qué. Otros desarrollan una especie de “insensibilidad” como mecanismo de defensa. Y algunos, en silencio, luchan con cuadros de ansiedad o depresión.

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Humanizar al que informa

Hablar de salud mental en el periodismo no es un lujo, es una necesidad.

Detrás de cada cámara, cada libreta o cada micrófono, hay un ser humano que también necesita espacios de contención, de escucha, de pausa.

Normalizar conversaciones sobre lo que sienten los periodistas puede marcar la diferencia. Crear ambientes laborales donde se valide el impacto emocional del trabajo, donde se promueva el autocuidado y se facilite el acceso a apoyo psicológico, no debilita al profesional… lo fortalece.

¿Cómo cuidar la mente en medio del caos?

No se trata de evitar el trabajo, sino de aprender a sostenerse mientras se realiza.

Algunas recomendaciones clave:

  • Hablar sobre lo vivido: compartir experiencias con colegas o profesionales de la salud mental ayuda a procesar emociones.
  • Establecer límites: no todo se puede cargar solo. Reconocer cuándo es necesario pausar también es responsabilidad profesional.
  • Desconectar intencionalmente: tomar espacios fuera del entorno informativo permite que el sistema nervioso se recupere.
  • Reconocer el impacto emocional: aceptar que ciertas coberturas afectan no es debilidad, es conciencia.
  • Buscar ayuda profesional: la terapia no es solo para cuando todo colapsa, también es una herramienta preventiva.

Un llamado necesario

En el Día Nacional del Periodista, más allá de celebrar la valentía, el compromiso y la labor invaluable de quienes informan es importante mirar hacia adentro. Reconocer que quienes cuentan las historias también necesitan ser escuchados.

Que detrás de cada noticia hay un corazón que late, que siente, que a veces carga más de lo que muestra. Y que cuidar la salud mental de nuestros periodistas no solo es un acto de humanidad… es una forma de proteger la calidad y la sensibilidad de la información que llega a toda la sociedad.

Porque al final, un periodista que se cuida… también comunica mejor.

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