Una de cada cinco mujeres detecta apps espía en su celular: crece la violencia digital en la región

La vigilancia digital dentro de las relaciones de pareja se consolida como una de las formas más invisibles y preocupantes de violencia contemporánea. Un estudio reciente de Kaspersky revela que 1 de cada 5 mujeres en América Latina ha descubierto aplicaciones de espionaje instaladas en su celular sin su consentimiento, evidenciando el uso de la tecnología como herramienta de control.

El informe advierte que esta práctica no ocurre de manera aislada, sino que forma parte de dinámicas más amplias de abuso. En la región, el 46% de las mujeres encuestadas ha experimentado algún tipo de violencia doméstica, mientras que el 47% afirma haberse sentido vigilada a través de dispositivos tecnológicos como teléfonos móviles, laptops, cámaras web o sistemas inteligentes del hogar.

La problemática se agrava por su carácter silencioso. Muchas víctimas no identifican de inmediato que están siendo monitoreadas, ya que el llamado stalkerware —software diseñado para espiar— opera de forma oculta y permite acceder a mensajes, ubicación, llamadas e incluso activar cámaras o micrófonos de manera remota. En algunos casos, estas aplicaciones son instaladas en dispositivos regalados por la propia pareja, reforzando la lógica de control.

Para María Isabel Manjarrez, especialista en ciberseguridad en América Latina, este fenómeno requiere mayor conciencia y prevención: “La tecnología debe ser una herramienta de autonomía, no de vigilancia. Fortalecer hábitos de seguridad digital es clave para reducir riesgos y detectar comportamientos sospechosos”.

El estudio también evidencia una contradicción cultural: aunque el 65% de las mujeres considera inaceptable que su pareja monitoree su actividad digital, la práctica continúa extendiéndose, impulsada por el acceso cada vez más sencillo a herramientas de espionaje.

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En este contexto, expertos recomiendan adoptar medidas básicas de protección, como reforzar los sistemas de bloqueo del dispositivo, revisar los permisos de las aplicaciones, identificar comportamientos inusuales —como consumo excesivo de batería o datos— y mantener los sistemas actualizados. El uso de soluciones de seguridad confiables también se posiciona como una barrera clave frente a estas amenazas.

Más allá del ámbito tecnológico, el fenómeno plantea un desafío social: la violencia digital se integra a las formas tradicionales de abuso, ampliando su alcance y complejidad. El reto, coinciden especialistas, no solo es técnico, sino también educativo y cultural, en la construcción de relaciones basadas en el respeto, la privacidad y la autonomía.

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