Periodismo en tiempos de cambio: adaptarnos sin perder el rumbo

Una reciente publicación del New York Times dejó claro lo que desde hace años se cocina en las redacciones: las reglas del juego han cambiado.

Con esta no tan nueva dirección, el diario neoyorquino busca ahora “estrellas de video”, perfiles periodísticos que no solo escriban con rigurosidad, sino que también dominen la cámara, conecten en redes sociales y generen audiencias en plataformas como YouTube, TikTok o Instagram.

Ya no se trata solo de informar, sino de cautivar. ¿Estamos, entonces, ante el fin de los periodistas que solo escriben?

La respuesta es más compleja que un sí o un no, pues lo que vivimos no es el entierro del periodismo tradicional, sino la aceleración de su transformación porque el oficio sigue siendo imprescindible, pero ya no puede limitarse a la pluma o al teclado.

La realidad es que el periodismo necesita hoy de voces que narren, editen, graben, conecten, expliquen y movilicen desde múltiples formatos y pantallas, nos guste o no, se necesita de periodistas versátiles, con mirada crítica y habilidades digitales.

Este nuevo escenario abre oportunidades emocionantes, donde los periodistas tienen hoy más canales para contar historias, más herramientas para investigar, más formas de interactuar con sus audiencias; pero también enfrentan mayores exigencias, muchas veces sin el respaldo que necesitan para responder a ellas.

El gran desequilibrio

Y aquí es donde entra el gran desequilibrio: mientras las empresas periodísticas quieren estar a la vanguardia, abrazar la innovación y cosechar los beneficios del mundo digital, muchas de ellas no invierten lo suficiente en quienes hacen posible ese salto.

Exigen formación continua, producción multimedia, presencia en redes y dominio de herramientas tecnológicas… pero no siempre ofrecen tiempo, capacitación ni salarios dignos para sostener ese esfuerzo.

La expectativa se dispara, pero el apoyo no siempre acompaña.

Es injusto cargar toda la responsabilidad del cambio sobre los hombros de los periodistas, cuando las condiciones para su desarrollo profesional siguen siendo limitadas.

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Si queremos un periodismo de calidad, también necesitamos empresas que asuman su parte del compromiso: invertir en tecnología, sí, pero también en talento humano; formar equipos diversos, apoyar la capacitación, reconocer el valor de quienes narran la realidad desde todas sus plataformas.

Abrirse a nuevas formas de contar

Hoy más que nunca, los periodistas deben abrirse a nuevas formas de contar, a explorar la narrativa visual, la inteligencia artificial, el análisis de datos, las plataformas emergentes; pero no como una renuncia a lo que somos, sino como una evolución que nos fortalece.

Contar historias seguirá siendo nuestra esencia, lo que cambia es el cómo, el dónde y el con quién.

Lo cierto es que el futuro del periodismo no será de quienes solo escriben ni de quienes solo entretienen, sino de quienes sepan combinar el fondo con la forma, la ética con la estética, la tradición con la innovación.

Para llegar ahí, necesitamos aliados, no solo audiencias, pero también medios que crean y apuesten por su gente.

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