Imagen de Pexels en Pixabay
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La madrugada del lunes 7 de abril quedará por siempre en la memoria de los dominicanos, pues lo que inició como una celebración de música, alegría y encuentro, terminó en una búsqueda desesperada por salvar la mayor cantidad de vidas posible, en medio del dolor, deseperación y tristeza.

La tragedia ocurrida en el centro de diversión Jet Set, mientras el merenguero Rubby Pérez se presentaba, nos estremeció a todos y nos recordó lo frágil que somos con un golpe seco y doloroso.

Todos estamos de luto, sin importar que tengamos o no seres queridos dentro de los afectados y las perdidas de vidas irreparables. Al momento de hoy, todavía prevalece el desconcierto y las oraciones de millones por las vidas afectadas.

El presidente de la República, Luis Abinader Corona, declaró Duelo Nacional de tres días por esta dolorosa pérdida, un gesto que representa no solo el respeto institucional, sino también el eco del sentimiento colectivo de una nación que llora.

Hoy, más que nunca, entendemos que nadie tiene comprado el mañana. Un segundo puede cambiarlo todo, y lo que parecía una noche común, acabó en un silencio abrumador.

Ser consuelo los unos para los otros

Frente al dolor, surge una necesidad humana y urgente: ser consuelo los unos para los otros. Acompañar desde la empatía. Callar cuando el morbo quiere hablar. Tender la mano cuando el otro no puede levantarse. Porque en momentos como estos, todos podemos ser refugio, palabra o abrazo.

Y en ese contexto, nosotros, los comunicadores, tenemos una gran responsabilidad. Informar con precisión, cuidar las fuentes, confirmar los datos. Evitar el sensacionalismo y las falsas noticias que solo alimentan la angustia y desesperación de familias que ya están rotas por la incertidumbre o el dolor.

El rigor periodístico es también una forma de respeto y humanidad.

Por eso, también podemos reflexionar y entender que, hoy más que nunca, amemos sin orgullo. Perdonemos sin condiciones. Tratemos bien, aunque no nos entiendan. Tengamos el alma liviana, la conciencia tranquila y el corazón disponible para lo que venga.

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Una oración por cada vida tocada por este suceso. Y un compromiso: vivir con más empatía, menos prisa, más amor. Porque a veces, simplemente, no hay después.

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