“Un periodista no solo informa, también moldea la percepción de la realidad; por eso, su compromiso debe ser siempre con la verdad”. Ryszard Kapuściński
El ejercicio del periodismo conlleva una gran responsabilidad, especialmente cuando se trata de informar sobre casos sensibles que pueden afectar la vida de las personas involucradas y la percepción pública de la realidad.
La ética periodística exige verificar la información, contrastar fuentes y evitar el sensacionalismo que muchas veces convierte los hechos en meros productos de consumo mediático.
Un ejemplo reciente que pone en evidencia esta situación, es la polémica en torno a la desaparición de la joven de nacionalidad India, Sudiksha Konanki en la República Dominicana. Desde que se reportó su desaparición, distintas versiones han inundado los medios y las redes sociales, generando confusión y, en muchos casos, desinformación.
La distorsión de los hechos no solo afecta la credibilidad de los medios, sino que también influye en la opinión pública y puede generar consecuencias graves. En casos como este, el morbo y la especulación pueden fomentar la estigmatización, alimentar prejuicios y desviar los recursos hacia hipótesis infundadas en lugar de centrarse en la verdad.
Es crucial que los periodistas, antes de compartir información, se pregunten: ¿Es cierto? ¿Está verificado? ¿Es necesario publicarlo? ¿Cuál es el impacto de esta noticia en las personas involucradas y en la sociedad?
El periodismo es un pilar fundamental de la democracia y la justicia, pero solo cuando se ejerce con responsabilidad. En un mundo donde la desinformación puede propagarse en segundos, la ética y la veracidad deben ser la prioridad de todo comunicador.







