En los últimos años, los términos “influyente” e “influencer” han ganado protagonismo en el lenguaje cotidiano, especialmente en el contexto de la comunicación y el marketing. A pesar de su aparente similitud, ambas palabras representan conceptos que, aunque relacionados, son profundamente distintos.
Conceptos y contrastes
Un influyente es una persona cuya opinión, conocimiento o experiencia impacta significativamente en una comunidad, grupo o sector. Su capacidad para influir proviene de su credibilidad, trayectoria y capacidad de conectar con las audiencias a través de ideas o acciones que generan cambios profundos.
En contraste, un influencer es alguien que, principalmente mediante plataformas digitales como Instagram, TikTok o YouTube, tiene una base de seguidores que confía en sus recomendaciones y contenido. Estos suelen destacarse en nichos específicos como moda, tecnología, gastronomía o fitness, y su influencia está más ligada al consumo de productos o servicios.
Transformación de estos términos
Históricamente, ser influyente era una cualidad asociada a figuras líderes, intelectuales o referentes en distintos ámbitos como la política, el periodismo o la literatura. Un ejemplo icónico es Gabriel García Márquez, cuyas ideas y obras trascendieron generaciones, Isabel Allende y Mario Vargas Llosa por citar otros. Con el surgimiento de las redes sociales, el término “influencer” emergió para describir a aquellos que han ganado visibilidad y alcance gracias al contenido que generan en estas plataformas.
En este nuevo ecosistema, ser influencer no necesariamente implica tener la profundidad de conocimiento o la responsabilidad ética que caracteriza a los influyentes. La velocidad con la que se consume contenido digital muchas veces prioriza el entretenimiento sobre la educación o el impacto social.
Figuras influyentes
En Latinoamérica, podemos encontrar notables ejemplos de influyentes y influencers que, a su manera, han dejado huella en sus respectivas áreas.
Carmen Aristegui (México): Reconocida periodista de investigación que ha destapado casos de corrupción y abuso de poder. Su trabajo ha inspirado a audiencias a exigir rendición de cuentas y mayor transparencia gubernamental.
2. Jorge Ramos (Estados Unidos/México): Desde Univisión, Ramos ha destacado como un referente en el periodismo latino, abordando temas de migración y derechos humanos.- Luisa Fernanda W (Colombia): Influencer de estilo de vida y cantante que ha construido una marca personal basada en contenido creativo y autenticidad.
- Germán Garmendia (Chile): Pionero en la creación de contenido digital humorístico, su canal de YouTube “HolaSoyGerman” ha inspirado a creadores de contenido en toda la región.
Casos dominicanos
En la República Dominicana, el panorama es un reflejo en miniatura de este espacio en comparación con lo que ocurre en Latinoamérica. Por un lado, figuras como Alicia Ortega, reconocida por su trabajo periodístico en investigación y denuncia social, son ejemplos de influyentes cuyo impacto trasciende el entretenimiento. Su programa El Informe ha sido clave para informar y empoderar a la ciudadanía.
En contraste, influencers como Nashla Bogaert, quien combina su carrera como actriz con un papel destacado en redes sociales, representan el enfoque de entretenimiento y conexión emocional con las audiencias. Mientras que su contenido se percibe más ligero, también ha abordado temas de responsabilidad social.
El futuro de la influencia en la República Dominicana
La influencia en la República Dominicana está en constante evolución. La llegada de plataformas como TikTok ha democratizado el acceso a audiencias masivas y al mismo tiempo ha planteado retos éticos. El caso del joven influencer que ofendió al presidente de la República es un ejemplo de cómo la ausencia de formación o responsabilidad puede generar impactos negativos.
No obstante, también existe una oportunidad: los profesionales de la comunicación y los creadores de contenido tienen el potencial de unir fuerzas para construir un panorama más positivo. Aquellos con trayectorias sólidas podrían colaborar con nuevos talentos digitales, promoviendo otras áreas, tales como: educación y conciencia social en vez de solo entretenimiento.
La diferencia entre ser influyente y ser influencer radica en la profundidad y el impacto a largo plazo de su influencia. Mientras que los influyentes tradicionalmente construyen un legado basado en conocimiento y acción, los influencers generan conexiones rápidas y emocionales con sus audiencias.
En la República Dominicana, así como en el resto de Latinoamérica, es fundamental reflexionar sobre cómo ambas figuras pueden coexistir y complementarse. La clave estará en promover la autenticidad y la responsabilidad ética como pilares de cualquier forma de influencia, ya sea digital o tradicional.







