Memorias del seminario realizado en Monterrey, Nuevo León, México, organizado por la CAF y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.  

Nunca como hoy los periodistas hemos estado tan conscientes de nuestros límites. Durante los dos días en que se desarrolló este seminario se escucharon expresiones de enorme sinceridad acerca de nuestra perplejidad frente a una avalancha de cambios en lo periodístico y lo mediático, lo tecnológico, y hasta lo político, lo económico y cultural. 

En este contexto ¿cuál es hoy el rol de los editores en los distintos tipos de medios donde operan? ¿Qué nuevos desafíos afrontan desde la realidad política? ¿Qué nuevas funciones les imponen los nuevos medios a los editores? Estos fueron algunos de los interrogantes que hallaron respuesta en las dos intensas jornadas de Monterrey. 

Jean François Fogel, de Le Monde, Francia, abrió el seminario. Su tema: “El papel del editor en una sala de redacción que cambia: pistas para abordar un futuro incierto”. Intenso, concentrado, lanzó una definición rotunda: “Está en plena marcha un intento global de redefinición del oficio del editor, de los modelos económicos de la prensa y de la relación entre los medios de comunicación y la audiencia”. 

Y explicó: “Es ella, la audiencia, más que cualquier otro protagonista, la que utiliza las nuevas tecnologías de la comunicación, es ella también la que crea nuevos medios al cortar, pegar y emitir contenidos con los teléfonos celulares y los ordenadores conectados a la red”. 

Para Fogel, los editores de cualquier tipo de medio se enfrentan a los mismos tres problemas: 

  • Fragmentación. De medios de masas a medios de nicho. 
  • Personalización. Diarios y sitios personalizados, podcasts, videocasts. 
  • Agregación de contenidos. Se mezcla lo que producen los periodistas con lo que produce la audiencia. 

Es decir: el editor ya no es el rey de los contenidos. La audiencia comparte la tarea y compite con él. Estas son las nuevas tendencias en los medios. En el interior de las redacciones, el mundo es igualmente complejo y cambiante para el editor. 

La organización interna de los medios busca redefinirse para relacionarse con el ciberespacio. Es un problema muy difícil de resolver, pues el ciberespacio es mucho más rico que cualquier sistema editorial de una redacción, dice Fogel. 

Surgen nuevas funciones para el editor. Nadie tiene una visión global. No hay una frontera clara entre contenidos: todo es digitalizado. En el desconcierto general vemos la creación de nuevas funciones: editor de contenidos de las audiencias, comprobador rápido de noticias, periodistas capaces de manejar distintos lenguajes, etcétera. Y mientras tanto el arte de contar historias a una audiencia se ha dañado. “Se pierde el ciclo tradicional de la información: acontecimiento-noticia- reacción. Ahora la reacción viene al mismo tiempo que la noticia y los comentarios se anulan unos a otros”.  

Fogel describe con una imagen muy elocuente la penuria del editor digital: “La información es un caldo siempre caliente en el fogón y cada miembro de la audiencia tiene su propia cuchara. ¿Pero cómo podemos cocinar y servir noticias si no hay más que cocineros en el comedor?”. 

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En una sala de redacción donde cada vez es mayor lo que entra por Internet, estamos perdiendo el mundo del afuera, la audiencia, la identidad de cada medio y la sensación del ciclo periodístico. El editor ha perdido la especificidad de sus contenidos y las grandes referencias de su trabajo. 

Fogel propone entonces un “manual de supervivencia” para el editor digital coronado por una máxima de oro: “Hay que recuperar la narración”. Y finalmente se pregunta: ¿Cuándo cambiarán los editores? La tecnología cambió y sigue cambiando. La audiencia cambió y sigue cambiando. Le toca al editor emprender también el camino hacia el cambio. 

La exposición de Rosental Alves –también dedicada al periodismo digital– tuvo el mismo tono de urgencia y drama que la de Fogel; pero la acompañó con un toque de humor. De entrada, advirtió que su presentación podía contener aparentes exageraciones capaces de causar efectos colaterales como depresión, alucinaciones e insomnio. “Agítese antes de tomarla”. Con su gag aludía a un sector importante de los periodistas de medios de papel para quienes las advertencias sobre la eventual desaparición de ese tipo de medios es pura hipérbole. 

Alves expuso en el panel “El trabajo sobre el texto y la organización del trabajo de la redacción”, pero aquí quebramos el orden cronológico a favor del orden contextual porque él también se refirió a la revolución digital en marcha. 

Rosental nos habló de “mediacidio”. Y explicó: “hasta ahora cada vez que aparecía un nuevo medio, los preexistentes se adaptaban, tomaban algo prestado del lenguaje nuevo y sobrevivían en algún nicho del panorama mediático. Ahora los medios pueden tornarse obsoletos y terminar en la extinción”.  

La popularización del acceso a la banda ancha y otros desarrollos tecnológicos han cambiado todo. No se sabe si el periódico impreso o las distintas formas de televisión que conocemos sobrevivirán a esa revolución, pero sí sabemos que van a morir aquellos que no entiendan lo que está pasando y no reaccionen a tiempo, dijo Rosental. 

En términos de manejo, distribución y acceso a la información, esta es la más grande revolución comunicacional desde la invención de la imprenta en 1440. El periodismo en Internet aún no ha construido un lenguaje propio. Pero está en camino. La convergencia tecnológica (las fronteras entre medios se esfuman) está preanunciando un lenguaje verdaderamente multimediático e interactivo con una narrativa propia. Eso es lo que espera la gente.  

Las líneas maestras de este nuevo mundo son, nos dice Rosental: 

  • El editor ha perdido poder sobre la audiencia y los contenidos. 
  • Pasamos de una era de escasez de la información a otra de abundancia. 
  • De una sociedad dependiente de los medios y pasiva a otra activa y menos dependiente. 
  • De un monólogo de los medios a una conversación entre los medios y los usuarios y de los usuarios entre ellos. Esa gran conversación fortalece el periodismo. 
  • Una comunicación yo-céntrica (el usuario decide) construye una nueva dinámica comunicacional. El emisor es también el receptor. 
  • El periodismo deja de ser monopolio de los periodistas. La audiencia ahora es el perro guardián del perro guardián. 
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Muchos diarios de papel ya tienen menos lectores que usuarios en sus ediciones de Internet, nos advierte Rosental. Y vuelve a la carga para movilizarnos: la alternativa a transformarse es la muerte. Por fin, cierra con un mensaje esperanzado: “La sobrevivencia de los medios tradicionales depende de sus respuestas a las transformaciones radicales que están en curso. La muerte no es un resultado inexorable de este escenario. Al contrario, estamos en una era de oportunidades y creo en el futuro promisorio del periodismo en el nuevo ambiente que se forma”. 

Finalizando la sesión de apertura, este relator ofreció un panorama complementario al de Fogel y Alves: el de los editores de los periódicos de papel, que –en términos generales– no terminan de realizar bien su función y no están preparados para hacer el tránsito hacia lo digital. 

Citó las razones: 

  • Sobrecarga de trabajo. 
  • Sueldos bajos. 
  • Escasa preparación. 
  • Escasa, nula o intermitente independencia de los medios en que trabajan. 
  • Contextos políticos muy adversos.  

Propuso que los editores se capaciten cabalmente en su función periodística y que adquieran conocimientos que hoy aún parecen ajenos a la tarea del editor, pero son esenciales, como liderazgo y trabajo en equipo. Y también aludió a otros ajenos al periodismo, como marketing y estrategia, no para que se alejen de su centro de gravedad, el periodismo, sino para que puedan participar en tomas de decisión que los van a afectar directamente. Ya hay publicaciones que gastan más en marketing que en contenidos. 

Este relator propuso también una colaboración entre los periodistas de periódicos de papel y los nuevos periodistas de Internet. Aquellos pueden ayudar a que el periodismo avance en el mundo digital con los valores de ética, rigor, independencia, humanidad y responsabilidad social que identifica a los mejores medios. Y estos últimos pueden aportarles a sus colegas experiencias y herramientas para encarar el futuro inevitable. 

Entre ambos, deberán adaptarse a los tiempos y avanzar en un presente amenazado por los contenidos-commodity, por la aparición de proyectos periodísticos que son cada vez más soporte de negocios totalmente ajenos al periodismo, y, sobre todo, como había señalado Fogel, por la incertidumbre y la crispación. 

Citó su experiencia como director del curso para capacitación de editores de la Fundación Carolina de Argentina, y propuso a la FNPI que realice talleres para editores junto con los que lleva a cabo para redactores. El futuro del periodismo, dijo este relator, dependerá en buena medida de los editores, ya sea que trabajen dentro de los grandes medios, o bien creando sus propios medios o bien ayudando a la gente a hacerlo.  

Recapitulando: la prensa “de papel” y el periodismo digital viven hoy en territorios inestables. En Internet el periodismo está en crisis, redefiniendo su rol en medio de una realidad que lo desafía: audiencia con mayor poder, capaz de construir sus propios contenidos y reelaborar contenidos ajenos. En los diarios de papel, a los desafíos mencionados más arriba se agregan otros surgidos de la realidad política y social de la región. 

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