“Quizá te busquen porque naciste, quizá te midan por mujer, quizá te acosen porque creciste, quizá te odien por mujer”: Niña, Pedro Guerra.
Los elementos que mueven a cualquier mujer periodista a replegarse o cohibirse van desde la peligrosidad imperante en la zona cargada de intimidación, acoso sexual, ciberacoso y amenazas a familiares, indican informes globales.
A pesar de esto, la pasión por la profesión impulsa a estas profesionales a que desafíen las imposiciones, persecuciones, discriminaciones, estereotipos y desarrollen las coberturas en territorios adversos, conflictivos, logrando al final, difundir y comunicar los hechos, lo cual pagan incluso con sus propias vidas.
Desde niña ella decidió estudiar periodismo. Venía de una familia que enfrentó la intolerancia de un gobierno autoritarista, postdictadura trujillista. Desde pequeña se caracterizó por preguntar, cuestionar y decir lo que pensaba, sin pedir permiso y con una agudeza que destacaba entre las de su edad. Por este temple y tenacidad fue a la universidad pública de su país e hizo la carrera de Comunicación Social, ha desarrollado una trayectoria de libre ejercicio de sus funciones desde el primer examen de universidad, hasta ingresar a trabajar como reportera en los medios de comunicación. Hoy, libremente, ejerce sin pedirle permiso a nadie y sin censura previa de lo que vaya a publicar o a opinar.
En su entrega permanente, fue creciendo y desarrollando su talento hasta convertirse en una destaca profesional. Ella puede ejercer su oficio asumiendo este entorno como normalidad, sin mayores temores que los desafíos que trae el tiempo porque nació y se crió en un país envuelto por la democracia. Pero esa no es la misma suerte que impacta a millones de mujeres que han nacido en zonas en riesgo.
La primera traba para una mujer que desea estudiar o ejercer el periodismo puede ser el modelo político que la rodea, esto permea todos los aspectos atinentes al desarrollo de su vida.
Los estados o países caracterizados por modelos de gobiernos autoritaristas o dictatoriales son el ecosistema más riesgoso para ejercer los derechos fundamentales de parte de los seres humanos, son totalmente adversos para las que desean ejercer el periodismo.
Simplemente, en determinados territorios, estudiar periodismo está prohibido para las mujeres, así como gozar plenamente de derechos humanos tan esenciales como estudiar, trabajar o participar de la toma de decisiones colectivas como el voto electoral para seleccionar a las autoridades políticas.
Es decir, que, si una mujer nace en una zona de riesgo, viene al mundo marcada por su condición de género, nace etiquetada con la censura en la frente, una mordaza en la boca y mutilados los canales para expresarse.
Es más fácil para una mujer del mundo occidental hacer uso de sus derechos esenciales, y, sobre todo, decidir que se encargará de realizar la hermosa labor de investigar, indagar, acompañada de un método científico, los hechos y acontecimientos para cumplir el rol de develar, informar, educar y hasta generar conciencia. Eso es el periodismo.
El periodismo al que miles de jóvenes ingresan diariamente a través de las carreras universitarias en el mundo, se gesta con el surgimiento de las Actas Diurnas romanas, por el (59 a.C.), teniendo como momentos memorables para su crecimiento e innovación, el surgimiento de la imprenta de Johannes Gutenberg (1440) y el impacto del aparecimiento de la era digital.
En estos hitos ha estado presente la mujer, sin embargo, hay países donde los aportes que pueden hacer a esta rama del saber y, sobre todo, a su desarrollo personal se ve mutilado por el filo de la espada de un sistema de creencias, político y social.
Desde Hipatia de Alejandría, las mujeres han pagado con la vida la decisión de confrontar al sistema establecido para desarrollar sus capacidades o habilidades, esas que trajo de manera natural su estructuración cerebral. Es decir, que ser mujer, esas naciones anulan las posibilidades de las féminas de desarrollar los diferentes tipos de inteligencias que puede traer consigo, no importa el índice de su coeficiente intelectual.
Pioneras del periodismo
Para destacar la historia de censura para ejercer de las mujeres contemporáneas, ayuda traer a la memoria a algunas de las pioneras en el periodismo a nivel global, que muchas veces al aportar a la profesión han resultado invisibilizadas, y por ello debe recordarse a Nellie Bly (EE. UU., 1864-1922): reconocida como pionera del periodismo encubierto o de infiltración. Hay escritos que dan cuentas de que se hizo pasar por enferma mental para denunciar los abusos en un manicomio en Nueva York.
Se puede citar a Ida B. Wells (EE. UU., 1862-1931), quien aplicó el periodismo de datos para documentar y denunciar los linchamientos de personas negras, “enfrentando constantes amenazas de muerte”.
Así, en el viejo continente, se reconoce a Carmen de Burgos «Colombine» (España, 1867-1932), considerada la primera periodista profesional en España y la primera corresponsal de guerra.
Por América Latina se destaca Francisca Carrasco (Costa Rica, 1816-1890), esta fue más conocida por su rol militar, pero se le atribuye una función relevante en la comunicación de la resistencia contra los filibusteros.
Al volver a la contemporaneidad, las culturas cercenadoras sentencian a las mujeres a no estudiar una carrera denunciante, desafiante, transgresora y contestataria como el periodismo, solo por el hecho ser mujer.
La desigualdad, la inequidad y la discriminación son ejercicios predominantes en estos espacios dogmatizados por una cultura machista que se mantiene en el ostracismo, desconociendo el derecho a las mujeres a formarse y desarrollar una vida en torno a la práctica periodística.
Hay espacios donde existen zonas de conflicto o autoritarismo, donde hay una brecha de posibilidad para ejercer la carrera como fue para Petronila Angélica Gómez y Rosa Smester, dominicanas que se destacaron por su valentía, utilizando la pluma para defender la soberanía nacional durante la intervención norteamericana del año 1916 al 1924, referencia la investigadora Carmen Durán Jourdain en Ecos (2017). “Pero suele ser más peligroso, desigual y condicionado que para los hombres”.
Los escenarios donde existe una prohibición para que las mujeres ejerzan el periodismo pertenecen a un modelo político, que intrínsecamente es acompañado por una serie de factores que lo norman y delimitan las interacciones de sus ciudadanos.
Si ejercer el periodismo a veces puede ser retador en medio de una sociedad democrática y garantista de oportunidades, todo lo contrario, sucede en lugares donde no existen garantías para la libertad de expresión, y donde informar puede convertirse en un acto de riesgo, censura o incluso persecución.
Zonas y Países de alta represión para mujeres
Afganistán, Irán, Nicaragua, Eritrea, China, México, Sudán, son lugares donde hay represión para las mujeres en sentido general, lo cual se traduce a la aspiración para ejercer el periodismo, conforme a lo difundido por informes de Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).
Este cuadro es un poco más ilustrador del contexto en que se ve afectada la aspiración de ejercer la profesión en estas naciones.
| Región | Contexto de Represión |
| Afganistán | Desde el regreso del dominio Talibán, las mujeres han sido prácticamente borradas de los medios; muchas tienen prohibido mostrar el rostro o trabajar fuera de casa. |
| Irán | La cobertura de protestas (como las de Mahsa Amini) ha llevado a decenas de periodistas a la cárcel con penas severas. |
| Nicaragua | El cierre masivo de medios y la persecución judicial ha forzado a muchas las voces críticas femeninas al exilio. |
| Eritrea y China | Considerados los «agujeros negros» de la información, donde el encarcelamiento es prolongado y sin contacto con el exterior. |
| México | Aunque es una democracia formal, la impunidad y el crimen organizado generan zonas de silencio donde las periodistas locales son blanco de feminicidios. |
Fuente IA.
En países como Sudán en medio de la guerra, por ejemplo, algunas periodistas locales narran al periódico español El País que “escribimos desde los escombros mientras nos sobrevuelan las balas”.
Información fechada en el mismo medio revela que en contextos extremos (guerras, dictaduras), algunas incluso, en el periodismo las mujeres trabajan de forma anónima, tampoco firman sus artículos y operan desde el exilio o clandestinidad.
Riesgos permanentes
En los países marcados por la represión y donde no es aceptado que una mujer ejerza el periodismo, aparecen como elementos distintivos la violencia sexual como arma de intimidación, la estigmatización social (ser mujer + periodista), falta de protección institucional, sin disposición política ni marco legal que las proteja, doble presión: política + cultural (machismo), conforme a información suministrada como la UNESCO.
“Aunque en todas las regiones del mundo las y los periodistas sufren amenazas, inseguridad y violencias en el ejercicio de su profesión, en América Latina y el Caribe se mantienen altos índices de violencia contra periodistas”: aparece en el informe del portal de la UNESCO en Montevideo, del 11 de diciembre (2023).
Como casos dramáticos documentados, la misma agencia de las Naciones Unidas revela que durante guerras como Sudán, periodistas mujeres reportan “amenazas constantes, falta de recursos básicos y persecución y desplazamiento”.
Mientras que de América Latina destaca que “es una de las regiones más peligrosas para el periodismo”, (aquí no hace división si es de hombre o mujer). “La violencia de género contra periodistas es especialmente fuerte”.

El rol del periodismo femenino en conflictos
El periodismo femenino en zonas de conflicto además de cumplir su función fundamental de revelar la verdad de los hechos e informar, aporta con un cambio de narrativa, lo cual imprime una perspectiva distinta enfocándose en el impacto humanitario y en cómo el conflicto afecta la cotidianidad y a poblaciones vulnerables.
Del mismo modo, suma el acceso diferenciado, “porque en ciertas culturas, las periodistas pueden acceder a fuentes o lugares que a sus colegas varones les están vedados, superando barreras de seguridad con vestimenta o estrategias locales”, aparece en informes publicados en su portal web la Federación Internacional de Periodismo.
Desafíos del periodismo femenino en zona de conflicto
Como parte de los aspectos documentados por la UNESCO como retos para ejercer el periodismo femenino en zona de conflicto subraya a la violencia de Género, evidenciando que “más del 60% de las periodistas que cubren temas sensibles enfrentan ciberacoso, agresiones verbales y abuso”.
Los datos arrojados por el informe de la agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), señalan a la intimidación y la represión, como otro elemento permanente que afecta a este ejercicio, “en contextos autoritarios (como Venezuela, Nicaragua, Cuba), se emplean patrones de represión similares, incluyendo amenazas de violación y seguimiento”.
Se destaca a la impunidad, porque en muchos casos, las agresiones contra mujeres periodistas no son castigadas, y a menudo sufren represalias al intentar denunciar dentro de sus medios y la falta de protección, porque existe un alto nivel de precarización laboral y, a veces, falta de protocolos de seguridad en las empresas de comunicación.
Actualmente, el escenario descrito se agudiza por las guerras desatadas por naciones como Estados Unidos e Israel; las agresiones a Palestina, Irán, Israel; lo mismo que la tendencia creciente a involucionar derechos adquiridos por las mujeres, lo cual las hace más vulnerable al ejercicio el periodismo en zonas de riesgo, evidenciando la necesidad urgente de acuerdos entre las naciones para implementar lineamientos que las protejan y den garantías a las mujeres para el desarrollo de su trabajo en entornos favorables o no.







