Una encuesta de MyIQ revela que 68% de los adultos consultados utiliza inteligencia artificial al planificar sus viajes para reducir el riesgo de decepciones.

La inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar más activo en la planificación de viajes, no solo como herramienta para encontrar destinos y recomendaciones, sino también como un mecanismo para evaluar cuáles experiencias podrían no justificar el tiempo o el dinero que requieren. Una encuesta de MyIQ muestra que evitar decepciones es uno de los principales motivos por los que los viajeros recurren a estas herramientas.

El estudio, realizado entre 5,934 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, América Latina y la Unión Europea, encontró que el 68% utiliza IA al planificar sus viajes específicamente para evitar experiencias decepcionantes. El dato refleja un cambio en la manera en que los usuarios enfrentan la abundancia de recomendaciones disponibles en redes sociales y plataformas digitales.

La popularidad de un restaurante, monumento, barrio o atracción no siempre permite anticipar si la experiencia responderá a las expectativas de cada viajero. En ese contexto, la IA está siendo utilizada como una segunda capa de evaluación antes de incorporar una recomendación al itinerario.

De hecho, el 61% de los participantes afirmó haber preguntado a una herramienta de IA si un destino o una atracción realmente merecía la pena antes de dedicarle tiempo o dinero. Las consultas pueden estar relacionadas con factores como las largas filas, el costo, la cantidad de tiempo necesaria para la visita o el interés que puede tener determinado lugar para un viajero.

La tendencia también alcanza a las recomendaciones que se repiten en redes sociales. El 54% de los encuestados señaló que ha utilizado IA para identificar lugares o experiencias que debería evitar porque sospechaba que estaban sobrevalorados. Mientras, el 47% ha consultado a una herramienta de este tipo para saber si un sitio recomendado repetidamente en redes sociales realmente valía la pena visitarlo en persona.

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Para el 42%, además, conocer de antemano que una atracción muy recomendada está sobrevalorada resulta preferible a descubrirlo después de haberla visitado. Esta respuesta pone de manifiesto el valor que algunos viajeros atribuyen a reducir decisiones que puedan consumir tiempo y recursos durante un itinerario limitado.

La incorporación de esta evaluación ocurre antes de que el viajero tome decisiones concretas, como reservar, desplazarse hasta una atracción o dedicar parte de su agenda a un determinado barrio o restaurante. De esta manera, la IA puede funcionar como una herramienta para cuestionar la popularidad de una recomendación y contrastarla con las expectativas individuales.

Los resultados, sin embargo, no establecen que el uso de IA produzca viajes mejores ni que sus recomendaciones sean necesariamente acertadas. Lo que muestran es que una parte importante de los encuestados ya la utiliza para reducir la incertidumbre y descartar experiencias que consideran potencialmente decepcionantes.

La tendencia apunta así a una transformación en la planificación turística: además de buscar qué hacer, los viajeros están utilizando herramientas de inteligencia artificial para decidir qué no hacer. En un entorno digital donde la visibilidad de una experiencia puede multiplicarse rápidamente, ese filtro previo adquiere relevancia antes de que comience el viaje.

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