Cuando un adulto mayor requiere atención constante, la mayor parte de las conversaciones suele centrarse en sus necesidades, tratamientos y bienestar, sin embargo, detrás de cada consulta médica, medicamento administrado y rutina diaria existe otra figura cuya salud también necesita ser atendida: el cuidador.
Así lo plantea la doctora Victoria M. Aybar Ramírez, geriatra e internista, quien llama a visibilizar la sobrecarga física y emocional que enfrentan miles de personas que dedican una parte importante de su tiempo al cuidado de padres, abuelos y otros familiares adultos mayores.
La especialista explica que, particularmente en la cultura dominicana y latinoamericana, acompañar a los familiares durante la vejez suele entenderse como un deber moral y una expresión de amor.
Advierte que este compromiso no debe convertirse en un sacrificio absoluto ni llevar a quienes cuidan a descuidar su propia salud.
Cuando cuidar agota

El cuidador primario puede asumir múltiples responsabilidades, desde administrar medicamentos y coordinar consultas médicas hasta atender la alimentación, la higiene personal y las necesidades emocionales del adulto mayor. En muchos casos, además, debe mantenerse disponible durante gran parte del día sin contar con formación sanitaria, remuneración o una red de apoyo suficiente.
Esta realidad puede generar lo que se conoce como síndrome del cuidador, asociado con la sobrecarga prolongada de responsabilidades y que puede manifestarse a través de ansiedad, estrés, depresión, insomnio, agotamiento, irritabilidad, aislamiento social y otras alteraciones físicas y emocionales.
Aybar Ramírez señala que uno de los principales desafíos es que muchas personas llegan a considerar normal sentirse permanentemente cansadas o emocionalmente agotadas. Incluso, pueden interpretar la búsqueda de ayuda como una señal de debilidad o como una forma de abandonar a la persona que tienen bajo su responsabilidad.
“Solicitar apoyo no significa abandonar a quien cuidamos”, sostiene la especialista, al destacar la importancia de construir redes familiares y sociales que permitan distribuir las responsabilidades del cuidado.
Cuidar sin sacrificarse
Para la geriatra, es necesario dejar atrás la idea de que el amor debe demostrarse a través del sacrificio silencioso. Cuidar a un adulto mayor también implica reconocer los propios límites, descansar, expresar las emociones y buscar acompañamiento cuando la responsabilidad comienza a superar las capacidades personales.
“El síndrome del cuidador no aparece por falta de amor. Aparece, precisamente, cuando el amor carga con más responsabilidades de las que una persona puede soportar sin apoyo”, reflexiona.
La advertencia cobra especial relevancia en un contexto en el que el envejecimiento de la población plantea nuevos retos para las familias y los sistemas de atención. Más allá de garantizar el bienestar de los adultos mayores, el cuidado sostenible requiere reconocer que quienes acompañan este proceso también necesitan tiempo, descanso y apoyo emocional.
Ante esta realidad, la especialista invita a incorporar una pregunta que con frecuencia queda fuera de las conversaciones sobre el envejecimiento: ¿quién está cuidando al cuidador?
“Porque garantizar una atención adecuada al adulto mayor también requiere proteger el bienestar físico y emocional de quien está a su lado”, puntualiza la doctora Aybar Ramírez.







