Entrenar la fuerza también puede contribuir a cuidar la salud cardiovascular
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Durante años, muchas personas han asociado el ejercicio principalmente con bajar de peso, mejorar la apariencia física o aumentar el rendimiento deportivo. Sin embargo, el entrenamiento de fuerza también cumple un papel importante dentro de una estrategia integral de salud.

Bernabé Lagrule, coach de fitness y salud, fundador y CEO de BL Performance Wellness Center, sostiene que una de las mayores transformaciones en la manera de entender el ejercicio consiste precisamente en reconocer que el músculo va mucho más allá de la estética.

“Cada día veo personas que llegan al gimnasio con un objetivo muy claro: bajar de peso. Todo eso es válido, pero el mayor beneficio del ejercicio está en la vida que podemos preservar”, explica.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos, además de realizar actividad física aeróbica, incorporen ejercicios de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

La actividad física regular contribuye a prevenir y controlar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares y la diabetes, además de aportar beneficios para la salud mental y el bienestar general.

Fuerza y salud metabólica

El entrenamiento de resistencia puede favorecer el mantenimiento y desarrollo de la masa muscular, mejorar la fuerza y facilitar la realización de actividades cotidianas.

Lagrule destaca además su relación con factores como el metabolismo, la sensibilidad a la insulina y el control del peso corporal, elementos que forman parte de la prevención cardiovascular.

La Asociación Americana del Corazón señala que un programa de entrenamiento de fuerza bien estructurado ayuda a fortalecer músculos, huesos y tejidos conectivos y puede contribuir a mantener un peso saludable.

Esto no significa abandonar el ejercicio cardiovascular. Caminar, correr, nadar, montar bicicleta y otras actividades aeróbicas continúan siendo fundamentales. El enfoque actual apunta más bien hacia la combinación de ambos tipos de entrenamiento.

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Una experiencia que cambió su manera de entender la salud

La visión de Lagrule sobre el ejercicio también está marcada por una experiencia personal.

Después de sufrir un infarto, asegura que comenzó a profundizar aún más en el estudio del cuerpo y en la importancia de adoptar hábitos sostenibles.

“Aprendí algo que jamás olvidaré: el tiempo es un regalo y el cuerpo también”, recuerda.

A partir de esa experiencia, afirma haber asumido el entrenamiento, la alimentación, el descanso y otros hábitos saludables no únicamente como mecanismos para transformar la apariencia, sino como elementos vinculados con la calidad de vida.

En personas que han sufrido un evento cardíaco, cualquier programa de ejercicio debe realizarse siguiendo las indicaciones del equipo médico y adaptándose a las condiciones individuales.

Las pesas también significan autonomía

Entrenar la fuerza también puede contribuir a cuidar la salud cardiovascularOtro de los beneficios del entrenamiento de fuerza se hace especialmente evidente con el paso de los años.

Conservar fuerza y masa muscular puede ayudar a mantener la capacidad para levantarse de una silla, subir escaleras, cargar objetos y desplazarse con mayor independencia.

Para Lagrule, ese debería ser uno de los principales objetivos de entrenar a medida que avanza la edad.

“Cuando hablo de levantar pesas no hablo únicamente de hipertrofia o rendimiento deportivo. Hablo de independencia y calidad de vida”, afirma.

En los adultos mayores, la OMS recomienda prestar especial atención al fortalecimiento muscular, el equilibrio y la actividad física multicomponente para preservar la capacidad funcional y reducir el riesgo de caídas.

Nunca es demasiado tarde para comenzar

El especialista también cuestiona la idea de que después de determinada edad sea demasiado tarde para incorporar el ejercicio.

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Asegura haber visto personas recuperar fuerza y movilidad después de largos periodos de sedentarismo mediante procesos progresivos y adaptados a sus condiciones.

El punto de partida, advierte, no debe ser idéntico para todos.

La edad, enfermedades previas, lesiones, historial cardiovascular y nivel de condición física deben tomarse en cuenta antes de iniciar un programa de entrenamiento, especialmente cuando existen condiciones médicas diagnosticadas.

Para Lagrule, el cambio fundamental consiste en dejar de esperar a que aparezca una enfermedad para comenzar a cuidar el cuerpo.

Su propuesta es mirar el movimiento, la alimentación adecuada, el descanso y el entrenamiento de fuerza como inversiones de largo plazo en autonomía y bienestar.

Más que una alternativa a la medicina, el ejercicio debe entenderse como parte de un estilo de vida preventivo que, acompañado de seguimiento profesional cuando sea necesario, puede contribuir a llegar a edades avanzadas con mayor capacidad para disfrutar la vida cotidiana.

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