La visibilidad profesional le gana terreno al aprendizaje
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Durante años, avanzar profesionalmente estuvo asociado a acumular experiencia, aprender nuevas habilidades, obtener mejores resultados y construir relaciones dentro de una determinada área de trabajo.

La irrupción de las redes profesionales ha añadido otra exigencia a esa ecuación: hay que hacer visible lo que se sabe y lo que se hace.

Actualizar LinkedIn, compartir proyectos, comentar sobre las tendencias de una industria, publicar certificaciones, ampliar la red de contactos o mostrar los resultados alcanzados son actividades que forman parte de la rutina profesional de muchos trabajadores.

El problema aparece cuando mantener esa presencia comienza a competir con el tiempo destinado a aprender.

Una encuesta realizada por MyIQ entre 11,742 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, la Unión Europea y América Latina encontró que casi seis de cada diez participantes dedican actualmente más tiempo a su visibilidad profesional que al aprendizaje de nuevas habilidades.

Los encuestados reportaron una mediana de cuatro horas semanales gestionando su reputación profesional, frente a 2.5 horas destinadas al desarrollo estructurado de habilidades.

La diferencia es de 1.5 horas cada semana. En términos relativos, las actividades vinculadas con la reputación consumen 60 % más tiempo que aquellas destinadas directamente al aprendizaje.

El trabajo de demostrar que se trabaja

La gestión de la reputación profesional fue definida en el estudio como el tiempo dedicado a mantener perfiles profesionales, publicar contenidos relacionados con el trabajo, promocionar logros, establecer contactos con fines de visibilidad y supervisar la presencia pública en internet.

Son actividades distintas a estudiar una nueva herramienta, realizar una capacitación, leer investigaciones especializadas o practicar una competencia técnica.

Ambas pueden contribuir al crecimiento profesional. La diferencia está en el objetivo inmediato: mientras una desarrolla capacidades, la otra procura que esas capacidades sean conocidas.

Y ambas compiten por un recurso limitado: el tiempo.

La investigación encontró que 68 % de los participantes dedica más tiempo a pensar en cómo los demás perciben su trabajo que hace cinco años.

Más significativo resulta que el 61 % afirmó que regularmente pospone el aprendizaje de nuevas habilidades porque siente la necesidad de mantenerse visible, disponible o profesionalmente relevante en internet.

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La reputación digital estaría dejando así de ser únicamente una consecuencia de la trayectoria para convertirse en una actividad adicional dentro de ella.

La presión de no desaparecer

No todos los trabajadores quieren convertirse en creadores de contenido ni desarrollar una marca personal. Sin embargo, eso no significa que estén libres de la presión.

El 57 % de los consultados dijo sentir algún grado de obligación de publicar contenido profesional, mantener una presencia activa en internet o compartir públicamente sus ideas, incluso cuando tiene poco interés en hacerlo.

Otro 49 % teme que permanecer en silencio en internet pueda hacerlo parecer menos competente o exitoso que sus colegas.

Ese temor ayuda a explicar una característica particular de la reputación digital: nunca parece estar completamente construida.

Una capacitación termina. Una certificación se obtiene. Una habilidad puede dominarse.

La visibilidad, en cambio, requiere continuidad.

Hay que actualizar el perfil, responder interacciones, mostrar nuevos proyectos y transformar periódicamente el trabajo realizado en algo que pueda ser visto por los demás.

La visibilidad profesional le gana terreno al aprendizaje
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¿Ser bueno o saber mostrarlo?

La situación plantea una pregunta incómoda para el mercado laboral: ¿hasta qué punto las oportunidades están premiando la competencia y hasta qué punto la capacidad de comunicarla?

El 64 % de los participantes en la encuesta considera que las oportunidades profesionales favorecen cada vez más a quienes proyectan públicamente seguridad y confianza frente a quienes desarrollan sus conocimientos de manera más discreta.

El estudio no demuestra que las empresas efectivamente estén tomando sus decisiones de contratación o promoción bajo ese criterio. Lo que sí evidencia es que una mayoría de trabajadores se comporta como si esa percepción fuera cierta.

Sarah Meyer, directora general de MyIQ, considera que la visibilidad está pasando de ser una consecuencia del éxito a convertirse en una prueba de ese éxito.

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“La visibilidad antes era un efecto secundario del buen trabajo. Cada vez más, se trata como una prueba de que ese buen trabajo está ocurriendo”, señaló.

Para Meyer, el riesgo aparece cuando las personas comienzan a invertir más tiempo en comunicar sus avances que en conseguirlos.

Visibilidad no significa superficialidad

El dilema tampoco puede reducirse a considerar las redes profesionales como una distracción.

Compartir conocimiento puede abrir oportunidades laborales, facilitar conexiones, posicionar especialistas y permitir que investigaciones, experiencias o proyectos lleguen a personas que de otra manera nunca los conocerían.

Para profesionales independientes, emprendedores y consultores, además, la visibilidad puede tener una relación directa con la captación de clientes y la generación de ingresos.

El problema que plantea la investigación es otro: la proporción del tiempo dedicado a mostrar frente al destinado a desarrollar las capacidades que se muestran.

Cuando la construcción de reputación consume sistemáticamente más horas que el aprendizaje, puede surgir una paradoja: trabajadores cada vez más preparados para comunicar sus conocimientos, pero con menos tiempo disponible para profundizarlos.

Una nueva competencia profesional

La transformación también obliga a reconsiderar qué significa hoy estar preparado para el mercado laboral.

Saber hacer continúa siendo indispensable, pero comunicar lo que se sabe hacer está adquiriendo un valor propio.

Esto convierte la gestión de la identidad profesional en una competencia que hace apenas unos años tenía mucho menos peso para numerosos trabajadores.

El desafío está en evitar que una sustituya a la otra.

Porque detrás de perfiles actualizados, publicaciones, certificaciones compartidas y proyectos convertidos en contenido sigue existiendo una pregunta esencial para cualquier carrera profesional: ¿cuánto tiempo estamos dedicando a demostrar que sabemos y cuánto a aprender realmente?

Los resultados de MyIQ sugieren que, al menos para una parte importante de los trabajadores consultados, la balanza comienza a inclinarse hacia lo primero.

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