La falta de profesionales especializados en ciberseguridad se ha convertido en una amenaza crítica para las empresas a nivel global. Un estudio de Kaspersky revela que esta brecha está limitando la capacidad de las organizaciones para enfrentar riesgos avanzados, especialmente aquellos vinculados a la cadena de suministro y las relaciones de confianza con terceros.
Según la investigación, una de cada tres organizaciones ha sido afectada por incidentes relacionados con su cadena de suministro en el último año. A esto se suma que el 42 % de los encuestados reconoce que la falta de talento especializado está frenando sus esfuerzos de protección, evidenciando un problema estructural que trasciende la simple disponibilidad de recursos.
El informe identifica tres grandes barreras en la gestión de estos riesgos: la escasez de profesionales capacitados, la sobrecarga operativa de los equipos de seguridad -que deben atender múltiples prioridades simultáneamente- y debilidades en los marcos contractuales con proveedores.
De hecho, el 39 % de las empresas admite que sus contratos no incluyen cláusulas claras de ciberseguridad, mientras que el 32 % señala que el personal fuera del área técnica no comprende plenamente estos riesgos.
Esta combinación de factores genera un entorno donde la seguridad tiende a ser reactiva en lugar de preventiva. Solo el 15 % de las organizaciones considera que sus medidas actuales son realmente efectivas, y prácticas clave como la autenticación en dos pasos apenas alcanzan un 38 % de adopción. Además, apenas el 35 % realiza evaluaciones periódicas de la seguridad de sus proveedores, lo que deja amplios espacios de vulnerabilidad.
“Cuando los equipos están sobrecargados, la seguridad deja de ser preventiva y se vuelve reactiva, abriendo la puerta a amenazas que pueden ingresar a través de proveedores”, advirtió Claudio Martinelli, al referirse al impacto directo de esta escasez en los ecosistemas empresariales, especialmente en regiones interconectadas como América Latina.
El estudio también destaca que las empresas que han sufrido incidentes tienden a fortalecer sus prácticas, incrementando la exigencia de estándares de seguridad y verificaciones a sus contratistas. Sin embargo, estas acciones aún no son generalizadas, lo que mantiene un nivel elevado de exposición en el tejido empresarial.
Frente a este escenario, los expertos coinciden en que la respuesta debe ser integral. La adopción de servicios gestionados de ciberseguridad, la inversión en capacitación continua, la inclusión de cláusulas de seguridad en contratos y una mayor colaboración con proveedores se perfilan como medidas clave para mitigar riesgos.
En un contexto donde los ecosistemas digitales son cada vez más complejos y dependientes de terceros, la ciberseguridad deja de ser un asunto exclusivamente técnico para convertirse en un factor estratégico de negocio.
La capacidad de las empresas para cerrar la brecha de talento y fortalecer sus defensas determinará, en gran medida, su resiliencia frente a un entorno de amenazas en constante evolución.







