En un contexto donde las estafas digitales continúan en ascenso, Visa ha reforzado su estrategia de detección y prevención, tras identificar cerca de US$1,000 millones en actividad fraudulenta durante el segundo semestre de 2025. La cifra, revelada en el Visa Latin America Trust Summit 2026, representa un aumento del 22% respecto al período anterior y confirma la creciente sofisticación del fraude a nivel global.

El incremento de estas amenazas ha llevado a la compañía a consolidar su enfoque en inteligencia avanzada, con el objetivo de anticipar y desarticular esquemas delictivos antes de que impacten a los consumidores. Según explicó Paul Fabara, la confianza sigue siendo el pilar del ecosistema digital, por lo que garantizar transacciones seguras sin fricción se convierte en una prioridad estratégica.

En respuesta a este panorama, Visa ha fortalecido su unidad especializada Visa Scam Disruption (VSD), un equipo multidisciplinario que combina ciberseguridad, inteligencia artificial y análisis de datos para rastrear patrones de fraude. Este grupo opera bajo una lógica similar a la inteligencia de amenazas, identificando comportamientos sospechosos y conectando información dispersa para detectar redes delictivas.

Uno de los casos más ilustrativos ocurrió en el sector turístico en México, donde transacciones aparentemente legítimas ocultaban operaciones fraudulentas. A través del cruce de datos y el análisis de comportamiento, VSD logró identificar más de US$67 millones en intentos de fraude y más de US$1 millón en fraude confirmado. La intervención permitió desmantelar la red, implementar controles más estrictos y proteger a miles de usuarios.

La evolución de estas amenazas está estrechamente vinculada al uso de tecnologías emergentes. Los ciberdelincuentes han comenzado a integrar inteligencia artificial generativa para crear estafas más convincentes, desde sitios web falsos altamente realistas hasta mensajes personalizados difíciles de distinguir de comunicaciones legítimas. Este escenario obliga a las empresas tecnológicas a innovar al mismo ritmo que los atacantes.

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En ese sentido, Oscar Márquez destacó que la seguridad debe evolucionar de forma paralela a la innovación en pagos digitales, evitando que se convierta en un elemento reactivo. La meta, explicó, es lograr que el comercio seguro sea una experiencia natural para el usuario.

Durante los últimos cinco años, Visa ha destinado más de US$13,000 millones a fortalecer sus capacidades de ciberseguridad y gestión de riesgos, una inversión que refleja la magnitud del desafío. Aunque el fraude no puede eliminarse por completo, la tendencia apunta hacia sistemas cada vez más predictivos, capaces de reducir significativamente la exposición.

En un entorno donde cada transacción implica un acto de confianza, la batalla contra las estafas digitales se redefine como una carrera tecnológica constante. La capacidad de anticipación, más que la reacción, marcará la diferencia en un ecosistema financiero cada vez más interconectado.

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