Las enfermedades crónicas no transmisibles continúan ganando terreno en la República Dominicana, configurando un escenario sanitario complejo marcado por la interacción entre la diabetes mellitus tipo 2, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal crónica.
Estas patologías, que a menudo coexisten, representan una “triple amenaza” que no solo incrementa la carga de enfermedad, sino que agrava el pronóstico de quienes las padecen.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, las enfermedades no transmisibles son la principal causa de muerte y discapacidad a nivel global, con un crecimiento sostenido en las últimas décadas. En el país, el impacto es particularmente significativo: según el IDF Diabetes Atlas 2025, se estima que 1.2 millones de dominicanos viven con diabetes, de los cuales un 42.8 % desconoce su diagnóstico, lo que evidencia una brecha crítica en la detección temprana.
El doctor Alejandro Salvatierra, gerente médico de Adium Centroamérica y Caribe, advierte que el aumento de estos casos responde tanto a factores genéticos como a cambios en los estilos de vida.
Dietas ricas en grasas saturadas, sodio y azúcares, junto con el sedentarismo, están acelerando la expansión de estas enfermedades. “La herencia familiar marca el punto de partida, pero son los hábitos los que están catapultando esta epidemia”, señala.
En el caso de la insuficiencia cardíaca, su prevalencia crece en América Latina, impulsada por el envejecimiento poblacional y la incidencia de condiciones como la hipertensión y la propia diabetes. Esta enfermedad, que inicialmente puede no presentar síntomas, evoluciona de forma progresiva hasta provocar dificultad respiratoria, fatiga y acumulación de líquidos en el organismo, lo que deriva en complicaciones severas si no se trata a tiempo.
Por su parte, la enfermedad renal crónica avanza de manera silenciosa, reduciendo gradualmente la capacidad de los riñones para filtrar desechos. Sus manifestaciones incluyen fatiga, hinchazón, alteraciones en la micción y deterioro general del estado de salud.
La coexistencia de estas tres condiciones eleva significativamente el riesgo de hospitalización y mortalidad, creando un círculo clínico difícil de romper.
Frente a este panorama, la medicina moderna apuesta por un enfoque integral. En el país ya se dispone de terapias de triple impacto, como los inhibidores SGLT2 —entre ellos la dapagliflozina y la empagliflozina— que no solo ayudan a controlar los niveles de glucosa, sino que también reducen la carga cardíaca y ralentizan el deterioro renal. Estas opciones terapéuticas representan un avance significativo al abordar de forma simultánea los tres ejes de la enfermedad.
Según explica el especialista, estos tratamientos han demostrado disminuir hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca, retrasar la progresión hacia la diálisis o el trasplante renal y prevenir complicaciones asociadas a la diabetes.
“Hoy entendemos que el corazón, los riñones y el metabolismo están profundamente conectados, y necesitamos abordarlos de forma conjunta y temprana”, subraya.
El aumento de la esperanza de vida, el crecimiento de la obesidad y los cambios en los hábitos cotidianos han intensificado la prevalencia de estas patologías. Ante ello, la prevención se posiciona como la herramienta más efectiva: adoptar una alimentación equilibrada, realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal, evitar el consumo de tabaco y moderar el alcohol son medidas clave para reducir el riesgo.
En un contexto donde estas enfermedades avanzan de forma silenciosa, la detección temprana y el manejo integral se convierten en pilares fundamentales para mejorar la calidad de vida de los pacientes y aliviar la presión sobre el sistema de salud dominicano.







