Rochester, Minnesota.– La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es un término que engloba a un grupo de afecciones crónicas caracterizadas por la inflamación persistente del tracto digestivo.
Las dos formas principales son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, condiciones que, aunque comparten algunos síntomas, afectan distintas áreas del sistema gastrointestinal y evolucionan de manera diferente, explica la doctora Kellie Mathis, cirujana colorrectal de Mayo Clinic.
La especialista señala que los síntomas más comunes de la EII incluyen dolor abdominal, diarrea persistente, sangrado rectal y fatiga extrema.
En el caso de la colitis ulcerosa, la inflamación se limita al colon y al recto, donde se desarrollan llagas conocidas como úlceras. Por su parte, la enfermedad de Crohn afecta con mayor frecuencia al intestino delgado y puede comprometer capas más profundas del tracto digestivo, además de asociarse con pérdida de peso.
“Algunas personas presentan formas leves de la enfermedad, mientras que en otras puede ser debilitante y provocar complicaciones potencialmente mortales”, advierte la doctora Mathis.
¿Cómo se diagnostica la EII?
El diagnóstico de la enfermedad inflamatoria intestinal requiere una combinación de pruebas clínicas, de laboratorio y procedimientos especializados. Entre los estudios más utilizados se encuentran:
- Análisis de sangre, para detectar signos de inflamación, anemia o infección.
- Análisis de heces, que permiten descartar infecciones y evaluar marcadores inflamatorios.
Procedimientos endoscópicos, como:
- Colonoscopia, que permite visualizar todo el colon y tomar biopsias.
- Sigmoidoscopia flexible, utilizada cuando la inflamación impide una colonoscopia completa.
- Endoscopia digestiva alta, si los síntomas afectan el tracto gastrointestinal superior.
- Endoscopia con cápsula de video, que emplea una pequeña cámara ingerible para examinar el intestino delgado.
- Enteroscopia asistida por balón, indicada para explorar zonas profundas del intestino delgado.
La doctora Mathis enfatiza que la biopsia, una pequeña muestra de tejido obtenida durante la endoscopia, es esencial para confirmar el diagnóstico y diferenciar la EII de otras causas de inflamación intestinal.
Opciones de tratamiento y cuándo considerar cirugía
La mayoría de los pacientes con EII inicia su tratamiento con medicamentos, que pueden incluir fármacos antiinflamatorios, inmunosupresores y terapias biológicas dirigidas a vías específicas del sistema inmunológico.
La cirugía puede ser necesaria cuando los medicamentos dejan de ser eficaces, no se toleran adecuadamente o surgen complicaciones.
En la colitis ulcerosa, la colectomía -extirpación del colon y el recto- puede indicarse en casos de enfermedad grave, perforación, obstrucción o cambios cancerígenos.
En muchos pacientes, se crea una bolsa interna conectada al ano, lo que permite la evacuación normal sin necesidad de una bolsa externa. Cuando esto no es posible, se realiza una ileostomía, una apertura permanente en el abdomen.
En el caso de la enfermedad de Crohn, hasta dos tercios de los pacientes requerirán al menos una cirugía a lo largo de su vida. Durante el procedimiento, el cirujano extirpa la porción dañada del intestino y reconecta las secciones sanas, con el objetivo de preservar la mayor cantidad posible de tejido funcional. La cirugía también puede ser necesaria ante fístulas, obstrucciones o perforaciones intestinales.
Decisiones individualizadas y acompañamiento médico
Las decisiones quirúrgicas, subraya la doctora Mathis, deben tomarse de manera individualizada y en conjunto entre el paciente, el gastroenterólogo y el cirujano.
Factores como la gravedad y localización de la enfermedad, la respuesta al tratamiento médico, el estado general de salud, la nutrición y la calidad de vida influyen en esta elección.
Aunque existen situaciones de urgencia que requieren intervención inmediata, en la mayoría de los casos hay tiempo para una evaluación cuidadosa y una planificación adecuada.
“Si enfrenta una cirugía por EII, debe saber que no está solo ni sin opciones. El objetivo siempre es mejorar la calidad de vida, reducir los síntomas y prevenir complicaciones”, afirma la especialista.
“Es fundamental buscar atención en centros con amplia experiencia, como Mayo Clinic, donde se ofrece un enfoque colaborativo, integral y centrado en el paciente”.
La doctora Mathis anima a los pacientes a hacer preguntas y participar activamente en las decisiones sobre su tratamiento, como parte esencial del proceso de cuidado.







