Investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) destacan cómo la combinación de conocimientos sociotecnológicos y prácticas interdisciplinarias puede ayudar a adaptar ciudades, escuelas, hábitos alimentarios y la salud planetaria frente al cambio climático.
En 2023, las emisiones globales de dióxido de carbono superaron los 37.000 millones de toneladas, aunque algunas regiones, como la Unión Europea y Estados Unidos, lograron reducirlas.
Un estudio publicado en PNAS concluye que es posible crecer económicamente mientras se disminuyen los gases nocivos: el 30 % de las regiones logra este equilibrio.
Según el Reporte del Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2024 de la Organización Meteorológica Mundial, la temperatura media regional estuvo 0,90 °C por encima del promedio de 1991-2020, siendo 2024 el segundo año más cálido registrado.
Entre 1998 y 2020, los eventos climáticos afectaron a más de 277 millones de personas y cobraron 312.000 vidas.
Reducir la dependencia de los combustibles fósiles requiere una visión interdisciplinaria que vaya más allá de la ciencia natural, la ingeniería o la arquitectura e incluya educación, ciencias sociales y jurídicas.
Como señalan los autores de Climatic Change, «el reconocimiento de la complejidad del cambio climático obliga a los investigadores a combinar ciencias naturales con ciencias sociales y humanidades».
Ciudades saludables y envejecimiento activo

En 2024, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconoció que el cambio climático puede violar el derecho al respeto de la vida privada y familiar, tras un caso presentado por una asociación de mujeres mayores suizas preocupadas por su salud.
Tomás Sánchez Criado, investigador de la UOC, explica que la accesibilidad urbana ha mejorado, pero muchos pavimentos y estructuras actuales contribuyen al efecto isla de calor.
Su proyecto Ciudades que envejecen busca construir entornos urbanos que favorezcan el envejecimiento saludable respetando los límites del planeta, involucrando activistas mayores, urbanistas, técnicos municipales y legisladores.
Cristina O’Callaghan Gordo, experta en salud planetaria de la UOC, añade que la crisis climática es también una crisis humanitaria y de salud: «El bienestar de las personas depende de la sostenibilidad del planeta».
Patios escolares y alimentación sostenible
Proyectos como COOLSCHOOLS, coordinado por la UOC, renaturalizan patios escolares en ciudades como Barcelona, Bruselas, París y Rotterdam.
Según Isabel Ruiz Mallén, investigadora del TURBA Lab de la UOC, estas intervenciones mejoran el confort térmico, aumentan la biodiversidad, facilitan el contacto con la naturaleza y fomentan la igualdad de género en el juego y el aprendizaje.
La alimentación sostenible también es clave. Anna Bach Faig, de la UOC, recuerda que una dieta basada en productos vegetales, pescado y un bajo consumo de carne -como la dieta mediterránea- beneficia tanto a la salud como al medio ambiente. Su proyecto PLAN’EAT estudia cómo hacer la dieta europea más sostenible y saludable.
Un enfoque integral para la salud planetaria
La transición hacia sistemas urbanos, energéticos y alimentarios sostenibles requiere la colaboración de todas las disciplinas científicas.
O’Callaghan Gordo concluye: «El reto es mejorar la salud global sin sobrepasar los límites planetarios. La salud humana depende de la salud de los sistemas naturales».







