Las redes sociales han ampliado el concepto de amistad hasta convertirlo en una mezcla de curiosidad, voyerismo y conexiones superficiales.
El like, que entre amigos cercanos es un gesto espontáneo y sin expectativas, en el caso de conocidos suele transformarse en un trueque recíproco.
Mantener esos vínculos digitales no cuesta nada, pero eliminarlos puede ser conflictivo.
En verano, por ejemplo, basta con entrar a Instagram o Facebook para conocer todos los detalles de los viajes de aquellos que ya no forman parte de nuestra vida cotidiana: la excompañera de colegio en bicicleta por Italia, el becario que pasó unos meses en la oficina en una playa griega o el amigo del amigo que estudió medicina en Japón.
Según The Guardian, el usuario promedio acumula 121 amigos en línea, pero en la vida real se relaciona solo con 55.
Para Sílvia Martínez, directora del Máster Universitario en Social Media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), esto refleja la evolución de la idea de amistad: “Ahora podemos contactar con más personas, y el tipo de relación se adapta y se transforma con el tiempo”.
El profesor Ferran Lalueza, también de la UOC, agrega que la diferencia con la vida real está en los límites: “En redes no tenemos compromisos. Muy a menudo estar conectado no implica ninguna obligación”.
Tiempo, apoyo y reciprocidad
La amistad genuina exige tiempo, apoyo y reciprocidad; en cambio, los conocidos digitales solo dejan rastros de su vida personal -vacaciones, casas, hijos- sin que exista un vínculo real.
El consumo de ese contenido, muchas veces pasivo, responde al impulso voyeur: mirar sin interactuar, como señala Martínez, miembro del grupo de investigación GAME.
Esta exposición constante genera una ilusión de proximidad.
“Ver repetidamente a alguien lo mantiene presente en nuestra memoria y nos da una falsa sensación emocional de cercanía”, explica Sylvie Pérez, profesora de Psicología en la UOC, sin embargo, este sucedáneo puede llegar a sustituir a la conexión auténtica.
Para Lalueza, el riesgo es claro: “Saber qué hace una persona a diario puede hacernos sentir cerca, pero en realidad puede alejarnos de la posibilidad de compartir tiempo verdadero con ella”.
Eliminar contactos digitales, además, es un acto complejo, ya que igual que antes no se arrancaba un número de la agenda salvo tras una ruptura, hoy borrar a alguien de una red social exige un fuerte motivo emocional.
“El simple hecho de eliminar puede convertirse en un conflicto en sí mismo”, explica Lalueza. No es raro que figuras públicas acaparen titulares por dejar de seguirse, señal de que en el entorno digital estos gestos también comunican ruptura.
‘Grooming’ social digital
El llamado grooming social digital, descrito por la Universidad de Bath, resume esta lógica: dar un like o enviar un meme no es un gesto emocional profundo, sino una manera simbólica de mantener viva una relación.
«Con ello, más que conversar, nos convertimos en narradores de nuestro día a día», relata Martínez. Así, aunque las redes prometieron maximizar la conexión humana, su propósito real es otro.
“El anzuelo era la conexión, pero el objetivo verdadero es maximizar el tiempo que pasamos en ellas. Y pocas veces lo que sostiene nuestra atención son relaciones humanas auténticas y profundas”, concluye Lalueza.







