No hay educación formal, experiencia ni profesionalismo que prepare el alma para una tragedia como la que estremeció a República Dominicana con el colapso en la discoteca Jet Set que, más allá de las cifras, fue suceso que dejó una profunda huella en todos los que tuvieron la responsabilidad de estar allí para narrarlo, buscar la noticia, hurgar en el dolor, contar los muertos y sus historias, pecando de inoportuno o indolente.
Las redacciones de todos medios de comunicación -ya sean impresos, digitales o audiovisuales- se transformaron en tornados de adrenalina, donde el impacto emocional se colocó a un lado del tablero para sentirlo después; cada periodista cargaba con su propia ‘zona cero emocional’, pero el trabajo era la prioridad.
El impacto, y la cobertura que generó esta tragedia, alcanzó a todos: unos se estacionaron en el lugar de la tragedia, mientras que desde las redacciones se coordinaban coberturas, se hacían llamadas, se editaban textos y se acompañaba -desde lejos- a los colegas en campo; el dolor se colaba en cada rincón de la sala de redacción.

Como editora del periódico El Día, fui testigo de cómo cada palabra publicada era un ejercicio de empatía; de cómo, detrás de cada nota, había periodistas que sostenían su labor con un nudo en la garganta y el corazón hecho pedazos. Sin embargo, la mayor lección fue el compromiso con la ética: respetar el rigor de la información, verificar antes de publicar y resistir la presión de la inmediatez.

Mientras muchos medios se sumaban al remolino de réplicas sin confirmar, persiguiendo métricas, “likes” y visibilidad, nosotros elegimos informar con responsabilidad, aun cuando eso significara llegar más tarde, pero con la verdad en la mano.
Inspirada en el testimonio de nuestro compañero Anyelo Mercedes -quien vivió esta cobertura como una de las más desgarradoras de su carrera- y publicó una retroalimentación de su experiencia y otros colegas, decidí compilar algunas voces que, en medio de la tragedia, evidencian que el periodismo, más allá de los titulares, es profundamente humano.
Esta no es solo una recopilación de testimonios. Es un espejo del alma de quienes contuvieron el llanto, siguieron informando y, muchas veces, no encontraron tiempo para procesar lo vivido.
Testimonios desde la herida
Cada una de estas voces representa no solo una experiencia profesional, sino una vivencia emocional profunda. En sus relatos hay más que datos: hay temblores, silencios, miradas rotas y palabras que aún duelen. Ellos contaron sus vivencias con más dolor que técnica, porque lo vivido desbordó los manuales del oficio.
Hay mucho que aún no se ha dicho… y, sin embargo, lo que han compartido es un espejo de lo que significa ser periodista cuando la noticia también te atraviesa por dentro.

Jessica Soriano, periodista de SIN, llegó al lugar con la entereza que la caracteriza, pero, bajo la serenidad del directo, había una mujer con el alma estremecida. “Uno se muestra de hierro aquí trabajando, pero realmente uno también termina sufriendo las pérdidas», confesó. En casi 14 años de carrera, reconoce, ningun hecho la había golpeado tanto.
“Escuchar a Méndez romperse en llanto… fue imposible no hacerlo también”, recordó con los ojos nublados. Aun así, no se detuvo. Porque en medio del caos, Jessica, como tantos colegas, eligió seguir. “Es lo que nos toca: seguir trabajando y tratar de sacar fuerzas para seguir informando, porque es nuestra tarea como profesionales del periodismo”.

Cada jornada en la calle deja marcas invisibles, pero profundas. Jessica Hernández, de ACD Media Noticias, lo sabe bien. Tras cubrir esta tragedia, ella volvió a su casa con el cuerpo agotado y el alma desgarrada. Nos cuenta que la esperaba su hija de cinco meses, un pequeño refugio en medio del caos, pero ni siquiera el calor de su bebé logró disipar la ansiedad acumulada.
“Cuando llegaba a casa a cuidar a mi niña, me sentía drenada. Me daba ansiedad. No comía bien”, admite, con la franqueza de quien se ha dejado tocar por el dolor ajeno. No eran sus familiares los que estaban en esa lista de desaparecidos, pero eso no hizo la carga más liviana. “Aunque no sean mis familiares los afectados, la empatía me toca mucho”.

Cubrir esta tragedia no solo fue un deber profesional para Esmil Nina, de RC Noticias, fue una experiencia profundamente personal. “Ha sido algo horrible. Esta tragedia, en lo particular, me ha enlutado”, confiesa. Estar en Patología Forense y ver el dolor crudo de un padre al recibir la peor noticia de su vida fue demasiado.
“Yo me fui de ahí dando gritos.” Dormir un poco ha sido lo único posible para intentar reponerse, pero el impacto persiste. “Uno tiene que seguir, pero no es fácil. Somos humanos”.Hay noticias que exigen más que técnica, que demandan entereza emocional para no quebrarse frente a la audiencia.

Málvelin Plasencia, de Telemedios Canal 8 y Community Manager de Encuentros Interactivos, lo vivió en carne propia. “Contar las cosas desde una perspectiva informativa y mantener una postura profesional es muy difícil”, confesó. Aunque frente a la cámara o detrás de una publicación mostraba firmeza, por dentro la lucha era otra.
Fueron muchos los momentos en que tuve que contener mis lágrimas y luego desplomarme cuando llegaba a casa…” Y es que, como ella misma lo resume, la vocación no anula la sensibilidad. “Antes que profesionales, somos humanos.”Hay días en que el periodismo deja marcas que no se borran, días en los que contar una historia duele más que escribirla.

Para Dayana Acosta, del periódico El Día, cubrir la tragedia del Jet Set fue uno de esos momentos en los que ser reportera exigió también ser testigo del dolor más crudo. «Hoy el periodismo me ha dolido en el alma«, expresó con honesta franqueza.
“Cubrir una tragedia como la del Jet Set no es solo narrar cifras: es caminar entre el dolor humano, contener el llanto mientras das la noticia, y aprender a mirar con los ojos del alma. Entre el olor de la pérdida y el silencio de la espera, vi lo peor y lo mejor del ser humano. Pero, sobre todo, confirmé que aun rotos, como pueblo sabemos abrazarnos. Y eso, también es esperanza”.

Para Aurelia Sánchez, de Telecentro, cubrir la tragedia del Jet Set fue mucho más que una asignación profesional: fue una experiencia que la tocó en lo más profundo. “Cubrir esta tragedia fue una experiencia emocionalmente abrumadora…», comienza su testimonio, marcado por la necesidad de informar con sensibilidad y respeto.
“No era solo informar, era acompañar desde la dignidad”. Y aunque muchas veces sintió el impulso de consolar a quienes lloraban, entendió que narrar con verdad también era una forma de consuelo. Ella reafirmó que hacer periodismo ético, lejos del morbo, es también un acto de cuidado.

El martes comenzó antes del amanecer para Anyelo Mercedes, del periódico El Día. Apenas recibió la orden, salió a cubrir la tragedia del Jet Set sin tiempo para procesar lo que enfrentaba. “Me lancé a reportar sin pensar, solo reportaba y punto”. Produjo múltiples notas con profesionalismo, pero no imaginó el peso emocional acumulado hasta que, al caer la noche, no pudo dormir.
“El miércoles seguí igual, pero ya sentía el peso…”, relata. Y fue el jueves, luego de la última rueda de prensa, cuando entendió que necesitaba parar. No volvió al periódico ese día. “A veces uno cree que puede separar lo profesional de lo personal, pero esta cobertura me mostró que no siempre es así”. Fue, como él mismo lo define, un camino muy difícil.

La tragedia del Jet Set sacudió profundamente a Carlos Guzmán, de Antena Noticias 7. Iba a asistir a la fiesta, pero un retraso en el trabajo cambió su destino. Al enterarse de lo ocurrido, se integró de inmediato a la cobertura. Ya sabía que entre los escombros había personas cercanas. “Ver cuerpos salir en bolsas, compañeros colapsando… fue un golpe muy fuerte.”
Pese al dolor, transmitió en vivo con firmeza, pero al subirse al carro, se derrumbo. Al día siguiente, una madre le pidió ayuda con lágrimas en los ojos, y Carlos entendió que debía cuidar cada encuadre, cada palabra. “Nada de sensacionalismo.” Hasta hoy, sigue en duelo.
“Informar en medio de una tragedia así es una de las partes más duras de nuestra profesión”.
La tragedia en fotos
Cubrir esta tragedia a través del lente no fue solo una asignación profesional para el fotorreportero Eliezer Tapia, del periódico El Día, sino una experiencia profundamente humana. Él estaba en La Plaza de la Salud cuando comenzaron a llegar los heridos, y aunque al inicio no conocía la magnitud del desastre, pronto entendió que su labor iba más allá de capturar imágenes: debía narrar el dolor con respeto y dignidad.

Para no vulnerar los derechos de las víctimas ni de sus familiares, optó por registrar detalles sutiles: rostros llenos de incertidumbre, abrazos desesperados, silencios densos. Cuidó cada ángulo y plano para no revictimizar. Decidió no publicar fotografías tomadas en Patología Forense o en la morgue, respetando tanto la línea editorial de su medio como la normativa que protege a las víctimas, especialmente en casos donde había menores de edad.
Una imagen lo marcó especialmente: una pareja abrazada llorando, mientras las ambulancias esperaban detrás los cuerpos sin vida de sus seres queridos. Aun así, prefirió no difundirla. Entendió que su rol era también proteger la memoria de quienes ya no están.
Tapia reconoce que esta cobertura transformó su forma de ejercer el fotoperiodismo. Lo llevó a reflexionar sobre el poder de la imagen y la responsabilidad de usarlo con sensibilidad, “me impactó tanto que la primera noche no pude dormir, cuestionándome cómo ocurrieron los hechos y en qué circunstancias murió cada persona”.
Desde entonces, asume un compromiso mayor: informar con ética, comunicar con respeto y no olvidar que detrás de cada imagen hay una historia que merece ser contada con humanidad.
Cuando informar también duele
De acuerdo con Andrea Belén, psicóloga clínica y directora de Calma Alma, quienes ejercen el periodismo en contextos de tragedia están expuestos al llamado ‘trauma vicario’ o ‘estrés postraumático secundario’, pues al entrevistar a sobrevivientes, presenciar escenas dolorosas y repetir los relatos para construir una narrativa informativa, su salud emocional puede verse profundamente afectada.
Belén resalta esta carga silenciosa, ya que “no cualquiera está preparado para mirar a los ojos a una madre que ha perdido a su hijo, ni para describir la magnitud de un desastre mientras lidia con sus propias emociones. Y cuando se apagan las cámaras, esas imágenes no desaparecen”.

La directora de Calma Alma comparte algunas recomendaciones para quienes cubrieron esta tragedia y hoy sienten el peso emocional de ese deber, el cual aplica para cualquier otra cobertura que afecte sus emociones:
- Reconocer las emociones: Sentir tristeza, ansiedad o insomnio es una respuesta humana, no una debilidad. Validar lo que se siente es el primer paso hacia la sanación.
- Hablar en espacios seguros: Compartir lo vivido con colegas o profesionales ayuda a liberar la carga emocional. El silencio no siempre es alivio.
- Limitar la exposición: Reducir el consumo de contenido relacionado al evento ayuda al cerebro a procesar y recuperarse.
- Buscar ayuda profesional: Si las emociones interfieren en el bienestar cotidiano, acudir a un psicólogo puede marcar una gran diferencia.
- Practicar el autocuidado: Dormir bien, alimentarse adecuadamente, caminar al aire libre o meditar ayudan a restablecer el equilibrio emocional.
Reconoce que el periodismo es una labor valiente y esencial, pero también es profundamente humana, “y como toda labor humana, merece cuidado, comprensión y espacio para sanar. Desde Calma Alma, extendemos un abrazo solidario a cada profesional que, en medio de la oscuridad, eligió seguir iluminando la verdad”.
El periodismo es un acto de valentía
Narrar el dolor de otros implica, inevitablemente, conectar con el propio. Esta cobertura nos recordó que detrás de cada micrófono, de cada cámara y de cada nota, hay una persona que también siente, sufre y necesita espacio para sanar.
Hoy, más que nunca, entendemos que hacer periodismo es un acto de valentía… y de profunda humanidad.







