¿Quién invierte en nosotros?
¿Quién invierte en nosotros? Imagen de Tumisu en Pixabay

Los comunicadores y periodistas de hoy vivimos en medio de una revolución silenciosa, pero devastadora, que obliga a actualizarse o morir profesionalmente, pero ¿quién invierte en nosotros? es una pregunta que se cuela en nuestras mentes que no tiene respuesta.

La realidad de hoy es que las redacciones se transforman, los formatos se multiplican, las plataformas exigen inmediatez, creatividad y dominio técnico, mientras los salarios y las condiciones laborales siguen estancados. Una contradicción cada vez más difícil de ignorar.

En las pasadas semanas, The Washington Post dio un nuevo paso en su proceso de transformación digital al ofrecer salidas voluntarias a periodistas con más de diez años en la redacción.

El mensaje es claro: o te adaptas al nuevo ecosistema mediático -donde el video, las redes sociales, los datos y las personalidades dominan la conversación- o te bajas del tren. Sin rodeos. Y esa amenaza velada no es propiedad exclusiva de este medio norteamericano, pero sí de los pocos que lo ha comunicado fuera de las filas de sus colaboradores.

Mientras tanto, iniciativas como el newsletter Sintetika de Grupo Imagen, la expansión de la Kings League al Medio Oriente, el uso de IA en verificaciones como VerificAudio, o los acuerdos del New York Times con Amazon para entrenar asistentes inteligentes con su contenido, nos recuerdan que el terreno de juego ya no es el mismo.

La profesión ha cambiado… pero, ¿quién invierte en nosotros para que estemos a la altura?

Las empresas mediáticas -muchas de ellas- piden a sus colaboradores que se conviertan en creadores de contenido, editores de video, community managers, analistas de métricas, presentadores de cámara y expertos en SEO, sin ofrecer capacitación adecuada, ni mejoras salariales, ni tiempo para aprender.

La formación ya no es un lujo, sino una necesidad urgente… que cada profesional está obligado a costearse por su cuenta.

Esto no es solo injusto. Es peligroso. Porque la calidad del periodismo, credibilidad y aporte a la sociedad dependen de periodistas bien preparados, con criterio, competencias técnicas y capacidad crítica.

No podemos seguir enfrentando este tsunami tecnológico con recursos precarios y con estructuras laborales pensadas para una era que ya no existe.

Este es un llamado, no solo a los comunicadores para que asuman con valentía el desafío de reinventarse, sino también a las instituciones, empresas y líderes del sector. No se puede exigir innovación, multiformato y excelencia sin invertir en la gente que sostiene todo eso.

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Urge un compromiso real con la formación, el bienestar y la dignidad de los profesionales de la comunicación. Porque si no cuidamos a quienes cuentan las historias, pronto no tendremos a nadie que las cuente bien.

Porque sí, la mayoría estamos dispuestos a aprender. Pero no a costa de la dignidad profesional ni del agotamiento crónico.

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