Morderse las uñas, un hábito conocido como onicofagia, puede ir más allá de una conducta asociada al estrés o la ansiedad y generar consecuencias sobre la salud bucal. El contacto repetitivo entre las uñas y los dientes puede acelerar el desgaste del esmalte, favorecer pequeñas fracturas, aumentar la sensibilidad y sobrecargar la articulación de la mandíbula.

La cirujana dentista Jose Daniela Delgado, especialista en Guided Biofilm Therapy (GBT) y en Estomatología y Odontología Legal y Forense, explica que la onicofagia suele producirse de manera inconsciente y puede estar relacionada con la forma en que algunas personas manejan determinadas emociones. Por ello, considera necesario abordar tanto sus efectos odontológicos como los factores que mantienen el comportamiento.

“La onicofagia es un comportamiento repetitivo frecuentemente relacionado con la ansiedad que ocurre de manera inconsciente. No representa falta de control ni debilidad, sino una forma en la que algunas personas intentan manejar determinadas emociones”, explica Delgado.

Uno de los principales efectos del hábito es el desgaste del esmalte, la capa externa que protege los dientes. A diferencia de otros tejidos del organismo, el esmalte perdido no se regenera de forma natural, por lo que el deterioro provocado por una fricción constante puede convertirse en un daño permanente.

“Una vez que se pierde, no vuelve a formarse de manera natural. Dependiendo del grado de desgaste, el paciente puede requerir restauraciones, carillas o coronas para recuperar la función y la estética dental”, advierte la especialista.

La presión repetitiva también puede favorecer pequeñas fracturas y sensibilidad dental, además de modificar la forma en que contactan los dientes. A esto se suma el esfuerzo que realiza la mandíbula durante el hábito, que puede aumentar la carga sobre la articulación temporomandibular (ATM) y relacionarse con dolor, inflamación o chasquidos. El riesgo puede ser mayor cuando la persona también presenta bruxismo o apretamiento dental.

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Un hábito que también expone la boca a microorganismos

Las consecuencias de la onicofagia no se limitan a los dientes y la mandíbula. Las uñas están constantemente en contacto con diferentes superficies y pueden acumular microorganismos. Al llevarlas repetidamente a la boca, aumenta la exposición de la cavidad oral a bacterias y otros agentes que pueden contribuir a alteraciones e infecciones.

“Las uñas acumulan bacterias presentes en las superficies que tocamos a lo largo del día. Al llevarlas repetidamente a la boca, aumentamos la exposición a microorganismos que no forman parte de la microbiota oral, favoreciendo infecciones y otros problemas de salud”, señala Delgado.

La onicofagia forma parte de los comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo, conocidos como BFRB por sus siglas en inglés. Este tipo de conductas puede presentarse de manera persistente y estar asociada con factores emocionales, por lo que abandonar el hábito no siempre depende únicamente de la voluntad.

La especialista señala que factores como el estrés y el ritmo de vida pueden influir, pero no existe un único desencadenante. “Cada persona manifiesta la ansiedad de manera distinta. Así como algunas personas comen de forma compulsiva, otras desarrollan hábitos repetitivos, como morderse las uñas. Por ello, es importante comprender el origen de este comportamiento para poder tratarlo adecuadamente”.

Abordar la causa y proteger los dientes

Intentar dejar de morderse las uñas puede no ser suficiente cuando el comportamiento responde a un patrón repetitivo. En esos casos, Delgado plantea la necesidad de identificar los detonantes y, según las circunstancias de cada persona, recurrir a acompañamiento psicológico o psiquiátrico, junto con medidas odontológicas destinadas a proteger los dientes.

También advierte sobre una conducta frecuente durante el proceso: sustituir las uñas por objetos rígidos, como tapas de bolígrafos o lápices. Aunque puede parecer una alternativa, mantener la costumbre de morder objetos duros puede continuar sometiendo los dientes a fuerzas innecesarias y favorecer el desgaste.

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La evaluación odontológica periódica permite detectar de manera temprana cambios en el esmalte, fracturas, sensibilidad, alteraciones de la mordida y otros signos relacionados con la onicofagia. La prevención también incluye el control de la biopelícula dental.

En este ámbito, protocolos como Guided Biofilm Therapy permiten visualizar la biopelícula antes de su eliminación durante la limpieza profesional. Esto facilita una intervención más precisa y puede ayudar al paciente a comprender mejor su estado de salud bucal y participar activamente en su cuidado.

Para Delgado, prestar atención a estos comportamientos es importante antes de que las consecuencias sean mayores. “Cuando un hábito comienza a desgastar los dientes, alterar la mordida o provocar dolor en la mandíbula, deja de ser una simple manía y se convierte en un problema de salud. Cuanto antes se identifique y trate, mayores serán las posibilidades de evitar consecuencias permanentes”.

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