España.- La desinformación científica ha dejado de estar vinculada únicamente a episodios extraordinarios, como la pandemia, para convertirse en un fenómeno habitual con capacidad para influir en decisiones cotidianas.
Así lo establece el estudio Desinformación científica en España 2026, elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en el marco del proyecto Iberifier Plus.
El informe señala que los contenidos falsos afectan cada vez más asuntos relacionados con la alimentación, la salud, el bienestar y el cambio climático.
Advierte que el protagonismo de las plataformas digitales y la rápida adopción de herramientas de inteligencia artificial han transformado la manera en que estos mensajes circulan y amplían su alcance.
Las redes sociales concentran los bulos
Siete de cada diez contenidos falsos sobre ciencia tienen su origen en las redes sociales, que continúan siendo el principal foco de esta modalidad de desinformación.
Su circulación, sin embargo, no queda limitada a los espacios digitales abiertos.
Las conversaciones presenciales, llamadas telefónicas y aplicaciones de mensajería privada también desempeñan un papel relevante en la propagación de afirmaciones engañosas.
Esta combinación permite que un contenido falso pase rápidamente de una plataforma pública a entornos personales, donde puede recibir mayor credibilidad por proceder de familiares, amigos o personas cercanas.
La IA gana espacio como fuente de información
El estudio identifica el avance de la inteligencia artificial como uno de los principales cambios en los hábitos informativos.
El 32,3 % de la población española afirma utilizar semanalmente herramientas como ChatGPT o Gemini para consultar asuntos científicos. Esta práctica tiene una presencia especialmente significativa entre los jóvenes.
La confianza en estas aplicaciones como fuente de información continúa siendo reducida. De acuerdo con el informe, su utilización parece responder más a la facilidad y rapidez de acceso que a la credibilidad atribuida a sus respuestas.
Los resultados reflejan la necesidad de que los usuarios comprendan los límites de estos sistemas y verifiquen la información científica mediante fuentes especializadas.
La confianza excesiva aumenta el riesgo
La investigación también identifica una diferencia significativa entre la percepción individual y la valoración de las capacidades ajenas.
Aunque el 51,5 % de los españoles considera que sabe detectar noticias falsas, apenas el 18,1 % cree que los demás poseen esa misma capacidad.
Esta confianza excesiva representa un riesgo porque quienes se sienten más seguros de su habilidad para reconocer bulos también muestran una mayor predisposición a compartirlos.
Entre los factores que favorecen la propagación de la desinformación, el estudio menciona el pensamiento conspirativo, las actitudes populistas y el consumo pasivo de contenidos.
La educación formal no es suficiente
El informe advierte que poseer un mayor nivel educativo no garantiza inmunidad frente a los contenidos falsos.
Más que la formación reglada, resulta determinante comprender cómo se construye el conocimiento científico y cómo funcionan los algoritmos y las plataformas digitales.
Por esta razón, la alfabetización científica y mediática aparece como una de las principales herramientas para desarrollar una actitud crítica, evaluar la calidad de las fuentes y reconocer contenidos potencialmente engañosos.
Detenerse antes de compartir reduce los bulos
Un experimento incorporado al estudio demuestra que invitar a las personas a detenerse y evaluar la credibilidad de una información antes de compartirla reduce significativamente la difusión de contenidos falsos.
En cambio, cuando la atención se concentra en las emociones provocadas por una noticia, aumenta la posibilidad de compartirla sin verificar.
El hallazgo evidencia que una pausa consciente puede contribuir a frenar la desinformación. En un ecosistema diseñado para reaccionar con rapidez, preguntarse quién publica una información, qué evidencias presenta y si puede comprobarse se convierte en una práctica esencial.







