La protección de la biodiversidad empieza a ocupar un espacio más relevante en las decisiones del sector turístico, no solo por su impacto ambiental, sino por su relación directa con la resiliencia y competitividad de los destinos. Este enfoque fue planteado por Iberostar Hotels & Resorts durante el conversatorio “Sector Privado y Marco Global de Biodiversidad: responsabilidades, compromisos y oportunidades”, celebrado el pasado 27 de agosto.

El encuentro, organizado por ECORED junto al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), reunió a representantes de los sectores público y privado para analizar las implicaciones del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal y los avances de la Estrategia Nacional de Biodiversidad y su Plan de Acción (ENBPA).

Durante el panel empresarial “Una Visión desde el Sector Privado”, Luz Lantigua, Destination Stewardship Manager de Iberostar para República Dominicana, sostuvo que la biodiversidad constituye una parte fundamental del atractivo natural de los destinos y, por tanto, de su capacidad para sostener la actividad turística en el tiempo.

“En Iberostar entendemos que la biodiversidad de los destinos es un activo fundamental para el turismo y, por tanto, para la continuidad y competitividad de nuestro negocio. Nuestros hoteles dependen directamente de ecosistemas saludables, como playas, arrecifes, manglares y bosques, que son parte esencial de la experiencia que ofrecemos a nuestros huéspedes y del bienestar de las comunidades donde estamos presentes. Por ello, proteger la naturaleza también significa fortalecer la resiliencia de los destinos y generar valor a largo plazo”, señaló Lantigua.

Desde esta perspectiva, la compañía explicó que trabaja en iniciativas de conservación y restauración de ecosistemas, incluyendo la regeneración de espacios verdes y acciones orientadas a la protección y recuperación de playas, arrecifes y manglares. Estas iniciativas se complementan con medidas para reducir impactos ambientales, gestionar responsablemente los recursos y trabajar junto a proveedores, colaboradores, comunidades y otros actores.

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Medir para convertir compromisos en decisiones

Uno de los desafíos identificados durante el panel fue la dificultad de medir de manera consistente los impactos, dependencias y contribuciones positivas de las empresas sobre los ecosistemas. Para Lantigua, avanzar en este ámbito requiere metodologías, información científica e indicadores que permitan evaluar resultados y orientar las decisiones empresariales.

La medición también está vinculada con la transparencia. Contar con criterios comunes para reportar los impactos y avances puede facilitar la comparación de resultados y contribuir a dirigir recursos hacia iniciativas que produzcan beneficios verificables para los ecosistemas.

En este contexto, Iberostar planteó que la Estrategia Nacional de Biodiversidad y su Plan de Acción puede funcionar como un espacio para pasar de compromisos individuales a acciones coordinadas entre diferentes sectores.

“Creemos que la ENBPA puede ser una plataforma para pasar de compromisos individuales a acciones colectivas. El reto es crear las condiciones para que empresas, gobierno, academia, organizaciones de conservación y comunidades puedan definir conjuntamente prioridades, indicadores y mecanismos de seguimiento, y para que conservar la biodiversidad sea también una oportunidad de innovación, inversión y generación de valor para las empresas y para la sociedad”, afirmó Lantigua.

Una agenda que requiere alianzas

La discusión también puso de relieve la necesidad de fortalecer la colaboración entre empresas, autoridades, organizaciones de conservación, academia y comunidades. Desde la perspectiva planteada por Iberostar, el sector privado puede aportar inversión, capacidad de ejecución, innovación y conocimiento de los mercados, siempre que existan marcos claros que permitan alinear esos recursos con las prioridades nacionales de biodiversidad.

Para el turismo, la discusión adquiere una dimensión particular porque buena parte de su atractivo depende de ecosistemas que también enfrentan presiones ambientales. Playas, arrecifes, manglares y bosques no solo cumplen funciones ecológicas, sino que forman parte del patrimonio natural que sostiene la experiencia de los visitantes y las economías locales.

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El reto, por tanto, pasa de la incorporación de acciones aisladas a una gestión más sistemática de la biodiversidad, con objetivos medibles, responsabilidades compartidas y mecanismos de seguimiento. La articulación público-privada aparece así como un componente relevante para que la protección de la naturaleza pueda integrarse de manera efectiva en el desarrollo y la resiliencia de los destinos turísticos.

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