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La inteligencia artificial, la desinformación, las guerras, la crisis climática y la pérdida de confianza de las audiencias están obligando a las redacciones a revisar sus métodos y fortalecer principios esenciales del periodismo.

Esa es una de las principales conclusiones que dejan los proyectos de la última promoción global de Journalist Fellows en Oxford, integrada por 12 periodistas de diferentes países, cuyos trabajos fueron presentados el 2 de julio en el Frontline Club de Londres.

Las investigaciones abordan estándares periodísticos en tiempos de guerra, cobertura climática, inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), fact-checking, relación con las audiencias, creadores informativos, alfabetización mediática, trabajos externos de periodistas, colaboración editorial y cobertura internacional.

En conjunto, plantean una agenda que no coloca la innovación únicamente en nuevas herramientas tecnológicas, sino en fortalecer la verificación, el contexto, la transparencia, la colaboración y una ética adaptada a escenarios cada vez más complejos.

Oxford deja 12 lecciones para las redacciones ante los nuevos desafíos del periodismo
Última promoción global de Journalist Fellows en Oxford. Foto: Reuters Institute

Método y verificación

Una de las lecciones surge del trabajo del periodista ucraniano Roman Sukhan, editor y presentador de la radiotelevisión pública Suspilne, quien analizó si los estándares periodísticos deben mantenerse iguales durante una guerra.

Tras consultar a más de 100 periodistas ucranianos y 20 profesionales de otros países, encontró que los principios centrales del oficio se mantienen, pero la seguridad adquiere un peso determinante.

Mostrar una localización puede facilitar un segundo ataque, determinadas informaciones pueden comprometer a soldados, civiles o fuentes y publicar rápidamente no necesariamente significa informar mejor cuando esa velocidad aumenta el riesgo para otras personas.

La conclusión es que los estándares no desaparecen en situaciones extremas, pero deben aplicarse considerando sus posibles consecuencias.

Otra enseñanza proviene de la periodista alemana Lea Weinmann, quien estudió la inteligencia de fuentes abiertas. Su planteamiento es que OSINT debe dejar de considerarse una habilidad reservada a especialistas.

Verificar imágenes, rastrear documentos, ubicar escenas, comprobar contenidos y analizar publicaciones públicas se han convertido en competencias necesarias en un ecosistema marcado por contenidos manipulados, propaganda y materiales generados mediante inteligencia artificial.

Weinmann propone que las redacciones combinen especialistas capaces de realizar investigaciones complejas con periodistas, editores y productores que manejen herramientas básicas de verificación digital.

La brasileña Tai Nalon lleva ese desafío al terreno de la IA generativa. Su investigación advierte que producir textos, imágenes, audios y videos falsos se ha vuelto más barato, rápido y escalable.

Su propuesta es que las verificaciones no terminen en un artículo aislado, sino que sus afirmaciones, fuentes, pruebas y evidencias puedan estructurarse y reutilizarse para construir bases de conocimiento verificadas.

Nuevas reglas

Las investigaciones también ponen sobre la mesa dilemas éticos que las redacciones necesitan afrontar con criterios más precisos.

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El periodista noruego Håkon Høydal estudió cómo informar sobre personas condenadas por delitos graves sin convertir la cobertura en un espectáculo moral. Su propuesta parte de mantener el rigor sobre los hechos y las víctimas sin renunciar a explicar la complejidad de las personas involucradas.

El israelí Roy Schwartz, por su parte, examinó los conflictos que pueden generar los trabajos externos de periodistas, como moderar eventos, participar en campañas o recibir pagos por actividades ajenas al medio.

Su conclusión apunta a la necesidad de contar con reglas concretas que permitan diferenciar entre actividades compatibles con el ejercicio profesional, situaciones de riesgo y aquellas claramente incompatibles.

La transparencia aparece igualmente como una condición para recuperar la confianza.

El periodista singapurense Lim Yan Liang propone escuchar mejor a las comunidades, explicar las fuentes y la financiación y hacer más visibles las decisiones editoriales.

Esto supone que los medios expliquen no solo qué publican, sino también cómo seleccionan sus fuentes, por qué toman determinadas decisiones y cómo corrigen sus errores.

Incluso algunos creadores independientes pueden ofrecer aprendizajes. La periodista finlandesa Salla-Rosa Gröhn encontró que determinados creadores informativos explican sus valores, financiación y métodos con mayor claridad que algunos medios tradicionales.

El reto, según su análisis, es hacer que el periodismo sea reconocible dentro de espacios digitales donde información, opinión, entretenimiento, publicidad, activismo y contenidos generados con IA conviven constantemente.

Colaborar para cubrir

La cooperación entre medios constituye otra de las lecciones.

La periodista danesa Louise Reseke sostiene que la colaboración editorial no debería limitarse a grandes investigaciones internacionales, sino utilizarse también para abordar migraciones, tecnología, clima y otras transformaciones que difícilmente pueden cubrirse de manera completa desde una sola redacción.

Para que funcione, identifica tres condiciones: redes sólidas entre periodistas, incentivos claros para las partes involucradas y una persona responsable de coordinar el trabajo.

En una industria con recursos limitados y problemas cada vez más complejos, colaborar puede convertirse en una herramienta para ampliar la capacidad de cobertura.

También cambia la forma de abordar asuntos especializados.

El argentino Fermín Koop analizó la cobertura de la transición energética en América Latina y encontró una dependencia importante de gobiernos y empresas como fuentes informativas.

Su propuesta plantea cinco preguntas esenciales: quién obtiene los beneficios y quién asume los costes, de qué transición se habla, qué voces faltan, dónde comienza y termina la historia y si el periodista está cubriendo un acontecimiento aislado o un proceso.

La australiana Jess Davis llega a una conclusión similar con la crisis climática: el tema ya no puede permanecer limitado a las secciones ambientales.

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Fenómenos como inundaciones, incendios, sequías y olas de calor afectan también las coberturas de salud, vivienda, infraestructura, economía, seguros y desigualdad, lo que convierte el conocimiento climático en una competencia transversal.

Mirar otras realidades

Los proyectos también cuestionan algunos criterios tradicionales de cobertura.

El japonés Hiroshi Asahina estudió el crecimiento del fact-checking político en Japón y encontró una tensión entre la necesidad de verificar declaraciones y el temor de los medios a ser percibidos como parciales.

Su análisis plantea que la búsqueda de imparcialidad puede transformarse en una neutralidad excesivamente defensiva. La verificación requiere identificar afirmaciones relevantes, comprobarlas con un método transparente y permitir que la ciudadanía comprenda quién dijo qué.

La periodista germano-kurda Sham Jaff, por otro lado, investigó la cobertura de países poco representados en la agenda internacional.

Su trabajo cuestiona que determinadas naciones solo reciban atención cuando atraviesan conflictos, catástrofes o adquieren relevancia para los intereses geopolíticos de las grandes potencias.

La investigación sugiere ampliar la mirada hacia sociedades, culturas, economías y transformaciones que también merecen seguimiento fuera de las crisis.

Doce aprendizajes

Los trabajos de los Journalist Fellows dejan una hoja de ruta que coloca nuevamente el método periodístico en el centro.

Las 12 lecciones que pueden extraerse para las redacciones son:

  1. Mantener los estándares considerando el contexto
  2. Incorporar OSINT a las competencias cotidianas
  3. Informar sobre criminales sin sustituir el rigor por el castigo narrativo
  4. Convertir la colaboración editorial en una práctica habitual
  5. Ampliar las fuentes de la cobertura energética
  6. Asumir el clima como tema transversal
  7. Explicar cómo se producen las noticias
  8. Establecer reglas sobre los trabajos externos
  9. Aprender de las prácticas de transparencia de algunos creadores
  10. Fortalecer el fact-checking sin caer en una neutralidad defensiva
  11. Crear sistemas de verificación capaces de responder a la desinformación generada con IA
  12. Ampliar la cobertura internacional más allá de las prioridades geopolíticas.

La conclusión común es que innovar en periodismo no consiste únicamente en adoptar nuevas tecnologías. También implica formar periodistas capaces de verificar, contextualizar, explicar sus métodos, colaborar y rendir cuentas ante sus audiencias.

En un ecosistema informativo fragmentado, automatizado y competitivo, esas capacidades pueden determinar qué medios consiguen preservar la confianza y cuáles dejan espacios que serán ocupados por actores que no necesariamente comparten los estándares profesionales del periodismo.

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