Joseph Pulitzer
Joseph Pulitzer

Todo el mundo conoce los premios Pulitzer, sin embargo, la mayoría de las personas desconocen quien fue Joseph Pulitzer. El fascinante personaje detrás de esos galardones fue un húngaro de nacimiento que emigró con 17 años a Estados Unidos sin un centavo en los bolsillos y sin saber una palabra de inglés.

Nada más llegar a suelo americano se alistó en el ejército, combatiendo en sus filas durante la Guerra Civil Estadounidense que, al terminar, decidió vivir en Saint Louis, en Missouri.

Para sobrevivir tuvo que conseguir dos trabajos de 8 horas. De las restantes del día, dedicaba 4 a estudiar inglés. Pero eso no le bastaba, y, junto a otras 40 personas, respondió a un anuncio en el que se ofrecía trabajo de jornalero en una plantación de azúcar a cambio de pagar una comisión de 5 dólares por cabeza.

El grupo reunió el dinero y partió en un viaje hacia la plantación y a las 3.00 de la madrugada los dejaron abandonados a unos 60 kilómetros al sur de Saint Louis. Tres días después retornaron a la ciudad caminando, exhaustos y medio muertos de hambre y sin dinero.

El inicio de una carrera brillante

Un periodista tuvo conocimiento de la estafa y le pidió a Pulitzer que escribiera un relato en alemán de esa experiencia para el Westiche Post, periódico que se publicaba en esa lengua. El director quedó tan impresionado por el artículo que inmediatamente lo contrató.

Cuatro años después, en medio de la crisis de los periódicos, Pulitzer compró el Westiche Post por 3.000 dólares y 6 años después se convierte también en dueño de su competidor, el St. Louis Dispatch. Y en 1883, con 36 años, se hizo dueño del New York World, que en ese momento también se encontraba al borde de la quiebra.

En pocos años pasó de vender 12.000 ejemplares a distribuir más de 300.000 apostando por historias de interés humano, crímenes, desastres, periodismo de investigación y escándalos. En ese terreno, en competencia con el New York Journal de William Randolph, lo que les valió a ambos la acusación de populistas y de estar practicando un periodismo sensacionalista en el que se manipulaban las noticias mediante la magnificación. El término «prensa amarilla» se creó ahí, en medio de esa batalla periodística.

Quizás a causa de esas acusaciones, Pulitzer pasó sus últimos años de vida reflexionando sobre la profesión periodística, empeñado en hacer de ella un oficio respetable. «Considero el periodismo como la más noble de todas las profesiones», aseguró.

Por una prensa más apta

En mayo de 1904, en un artículo que escribió para la North American Review (la más antigua revista estadounidense) resumía con estas palabras su credo: «Nuestra República y su prensa se elevarán o caerán juntas. Una prensa apta, desinteresada, generosa, con inteligencia formada para conocer el bien y con el coraje para hacerlo, puede preservar la virtud pública sin la cual un gobierno popular es una farsa y una burla. Una prensa cínica, mercenaria y demagógica acabará dando forma con el tiempo a un pueblo tan vulgar como ella misma. El poder de moldear el futuro de la República estará en manos de los periodistas de las futuras generaciones».

Tras relanzar el New York World se convirtió en un hombre rico y compró el French’s Hotel, el cual demolió para levantar el Pulitzer Building, un rascacielos de 20 plantas que abrió en 1890 y se convirtió en sede del periódico.

El momento del exilio

Pullitzer trabajó como una máquina, día y noche para posicionar su periódico. Después de 5 años de vida frenética, se encontraba al borde del colapso nervioso y empezó a fallarle la vista hasta quedarse completamente ciego. Momento en que decide exiliarse a bordo del Liberty, un enorme yate blanco hecho a su medida, desde donde seguía impartiendo órdenes.

Durante los 25 años que pasó sin vista, seis secretarios se convirtieron en sus ojos, quienes les leían todos los periódicos, libros y revistas… y estar dispuestos a levantarse a las tres de la madrugada, cuando el señor Pulitzer no lograba dormirse y deseaba que alguien le leyera alguna cosa.

El editor del World murió a bordo del Liberty en la bahía de Charleston, en Carolina del Sur, el 29 de octubre de 1911, con 64 años.  Dejó dos millones de dólares a la Universidad de Columbia para que abriera la Escuela de Estudios Avanzados de Periodismo. En su testamento también dispuso la creación de un premio de periodismo que llevara su nombre y que debía gestionar la Universidad de Columbia. Cinco años después de su fallecimiento, en 1917, se entregó por primera vez el premio.  Desde entonces, todos los 10 de abril, el día que Pulitzer vino al mundo, se concede ese galardón.

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