La credibilidad no se construye con ‘engagement’
Imagen de geralt en Pixabay

En el marco del Día Mundial de las Redes Sociales es propicio llamar la atención sobre estas plataformas, que en la actualidad lejos de su propósito de reconocer la influencia global y promover un uso más responsable, seguro y conectado, cuando la fecha fue instaurada en 2010 por iniciativa del portal de tecnología Mashable, se han convertido en un arma de doble filo para dividir la sociedad y generar polémicas vacías.

Inicialmente, las redes sociales se utilizaban como herramientas para difundir información, compartir momentos e incluso, como una forma de recreación. Hoy tienen un alcance distinto, que va más allá de la innovación de la tecnología, también toman un lugar dentro de la civilización y la economía mundial.

Hay quienes han encontrado en las redes sociales una forma de generar ingresos, a través del pago de estas plataformas a los ‘influencers’ y creadores de contenido o de las marcas que eligen estas ‘figuras’ como las nuevas caras de la publicidad, por encima de los medios tradicionales y de los profesionales de la comunicación.

Las redes han abierto una brecha en la que ‘todos son comunicadores’ y aunque esta teoría ya está escrita, la realidad es que el conocimiento de causa siempre se impone.

Como periodista y ‘community manager’, he aprendido que sin importar el ámbito o lo que se normalice por moda, tenemos el poder de definir nuestra ética profesional.

Valores que definen

Quizás es cierto que en el mundo de las redes sociales y la comunicación no se exige tanta preparación para monetizar. Es verdad que el sensacionalismo vende. Sin embargo, la credibilidad no se construye con ‘engagement’, es la suma de alzar la voz por los valores que nos definen personal y profesionalmente más la responsabilidad social con la que asumimos cada vivencia, porque todo tiene impacto y forma parte de la trayectoria que construimos.

Requiere mucho esfuerzo mental elegir el camino correcto, cuando pareciera que quienes hacen menos ganan más o llegan más lejos, pero la notoriedad no define el camino del éxito porque hay quienes tienen validación pública sin calidad.

Las incógnitas son las siguientes ¿Cuál es la huella que estoy dejando? ¿Cómo definen mi trabajo cuando me mencionan? ¿De qué es sinónimo mi nombre? ¿Me seguirán escuchando cuando el ruido pase?

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